Jarana Crítica: Gracias, pero no gracias

Oswaldo Calle Talavera. Analista Político

Maduro era un dictador, había oprimido al pueblo venezolano y es el responsable del éxodo de más de 8 millones hacia otros países. El heredero de Hugo Chávez logró empobrecer a Venezuela e instaurar un régimen que se apartaba de una ideología política coherente. 

Maduro levantaba la bandera del socialismo, pero no lo ejercía. Se convirtió en una isla en el continente y fue abandonado hasta por los que tenían el mismo color de camiseta en el vecindario. 

Maduro se convirtió en el típico dictador que no tenía lectura de la realidad. Sus relojes caros, su vestimenta costosa, sus discursos largos e incoherentes con auditorio lleno de aplausos obligados, lo alejaban de la figura de líder popular que intentaba mostrar. Estaba rodeado de aduladores que veían como sus bolsillos se llenaban en proporción a cuánto callaban. La pobreza de Venezuela superaba el 80% y hacía contraste con un país que décadas atrás fue llamado rico. 

Maduro gobernó con la mano izquierda, pero terminó a las patadas, esposado y débil, con la alegría de los venezolanos de bien que lo padecieron y la tristeza de sus zalameros. 

Da gusto ver a un dictador derrotado, pero más gusto daría saber que la justicia de su propio país se encargó de él, con independencia y sin intereses externos. 

Trump, ha dado unas declaraciones preocupantes. La palabra «petróleo» no tenía que ser parte de su discurso. Su ánimo de salvador lo lleva al exceso y declara sin ninguna vergüenza que los Estados Unidos se encargarán de la administración de Venezuela.

El cambio de régimen que se esperaba no era el que hoy señala Trump. La soberanía de los Estados no es negociable, no importa si el país es pequeño o grande, poderoso o débil, la soberanía es inviolable y este concepto debe primar.

El derecho y lo legal riñen con los supuestamente justo o meritorio. Hoy el mundo se cuestiona las formas y el apoyo a lo ocurrido con las declaraciones de Trump. No se pueden aceptar servidumbres, no en estos tiempos donde la modernidad y el respeto del derecho positivo internacional debería ser de estricto cumplimiento.

Escuchar a Trump decir que las petroleras norteamericanas van a ser reembolsadas por la reestructuración de la infraestructura en Venezuela, es preocupante. Trump, afirma sin reparos que Venezuela unilateralmente expropió plataformas de petróleo. «Tomaron nuestra propiedad, la industria petrolera venezolana fue construida con talento estadounidense», enfatizó.

Trump, hoy con una autoridad que nadie le dio, dice: «vamos a gobernar Venezuela, hasta que tengamos una transición segura y legal». El tiempo lo decidirá Trump, la forma también, hasta que sólo Estados Unidos diga que Venezuela es autogobernable. Afirma sin vergüenza: «Vamos a administrar este país», y deja claro que están preparados para un segundo ataque. 

Trump, con aires de terrateniente y colonizador abusivo, dice que está operación fue una advertencia y que le puede pasar a otros gobernantes, si no son justos con sus pueblos. El “todopoderoso” Trump ya amenazó a Colombia y a Cuba. El líder norteamericano no tiene frenos y vergüenzas. Es el dueño de la pelota en un partido que está con resultado resuelto, el decide quien juega y quien no, Trump se cree el dueño de esta parte del mundo.  

El presidente de los Estados Unidos pone a su país en un lugar que no se ve ni huele bien. El comisario, el dueño, el juez, el carcelero o el pacificador con bombas, hoy tiene el pecho hinchado y amenaza con la autoridad que le da el poder del dinero y el armamento.

Dos días después de la captura de Maduro, Trump volvió a hablar y dijo que Estados Unidos se reembolsará todo lo gastado con el petróleo venezolano. Pidió acceso a todos los recursos a la ahora presidenta, Delcy Rodriguez, y dijo con repetición, que sacarán gran riqueza del suelo de Venezuela. 

Cada vez la palabra petróleo se repite más, el tema del narcotráfico no se menciona, se ha olvidado y sólo será motivación para que los fiscales estadounidenses acusen al dictador Maduro. La transición parece no ser tan importante, la democracia es postergada y la amenaza continua y coacciona a un país débil, que mira a su supuesto aliado y salvador con síndrome de Estocolmo.

Los venezolanos en el mundo festejan y agradecen a Trump, pero en las ciudades venezolanas hay cautela, serenidad y miedo. Mientras miembros del senado norteamericano y el New York Times, señalan que Donald Trump cometió un acto ilegal. 

“Gracias, pero no gracias Mr. Trump, así no era”, podría ser la voz de las calles de Caracas en los próximos meses, al ver a un ejército que no es el suyo y a autoridades que hablen sólo inglés.

Trump dice que pudieron matar a Maduro, pero no lo hicieron, que permanecerá detenido y juzgado en New York y deja una frase alarmante: «en este momento estamos designando a la persona para administrar Venezuela. Es un país muerto». Hoy amenazó a Delcy Rodríguez y le dijo que, si no hace lo correcto, pagará un precio mayor que el Maduro”. Trump tiene licencia para todo y el mundo observa.