Abg. Arturo Montesinos Neyra. Analista político
En la provincia de Caravelí existe un litoral vasto, diverso y sorprendentemente subvalorado. Con más de 200 kilómetros de costa, sus playas y caletas ofrecen escenarios naturales únicos en el sur del Perú. Lomas, Yauca, Chala y Atico conforman una ruta turística que mezcla mar, buena comida y la calidez tradicional de la población caravileña. Este verano, la invitación es clara: visitar un litoral auténtico que por fin debe hacerse visible.
El distrito de Lomas conserva playas naturales, limpias y extensas, ideales para quienes buscan tranquilidad. La pesca artesanal define su identidad, y los visitantes encuentran aquí un pueblo donde el tiempo parece moverse con otra lógica. La gastronomía es su mejor carta de presentación, con pescado fresco y mariscos preparados con sencillez y maestría.
Aunque conocida por sus olivos, Yauca también alberga pozas naturales formadas entre rocas y mareas, verdaderas piscinas marinas que sorprenden a cualquier visitante. Son espacios perfectos para disfrutar del mar en calma. Junto a ellas, su oferta gastronómica basada en productos marinos y derivados del olivo ofrece una experiencia diferente e inolvidable.
El distrito de Chala combina una playa accesible y concurrida con una gastronomía que ha convertido al lugar en una parada obligatoria en la ruta costera. Su tradición pesquera permite a los restaurantes ofrecer platos elaborados con insumos recién extraídos del mar. Aquí, el visitante encuentra comodidad sin perder la esencia local.
Atico impresiona con sus acantilados, su mar abierto y playas que parecen no tener fin. Es un destino perfecto para quienes buscan aventura o simplemente admirar escenarios naturales imponentes. Tierra de erizo y pesca artesanal, Atico combina fuerza paisajística con una culinaria marcada por productos frescos y sabores intensos.
Pese a su enorme riqueza natural y cultural, el litoral de Caravelí sigue siendo uno de los más desconocidos del sur peruano. La falta de promoción turística ha dejado en sombra playas que podrían integrarse con facilidad a circuitos regionales y nacionales. El turismo de naturaleza, gastronomía y descanso encuentra aquí condiciones privilegiadas que solo necesitan visibilidad y articulación.
El litoral caravileño no compite por votos ni premios internacionales. Simplemente existe, intacto, esperando al visitante que valore la autenticidad por encima del artificio. Este verano, Caravelí tiene todo para convertirse en una alternativa real al turismo saturado del sur: playas hermosas, pozas únicas, comida memorable y una población que recibe con cercanía genuina.
Promocionarlo no es un gesto de exageración, sino un acto de justicia. El Perú merece conocer estas playas. Y Caravelí merece, de una vez, ocupar su espacio en el mapa turístico nacional.




