No hacen ruido, pero dicen mucho. Detrás de los muros de la Biblioteca Pública Municipal de Arequipa, en la calle Álvarez Thomas, descansan diarios que dieron forma a la opinión, la política y la vida cotidiana de la ciudad. Son páginas que sobrevivieron al tiempo y hoy esperan nuevas miradas dispuestas a leer la historia original.
Los libros manuscritos de los Cabildos, fechados desde 1546, abren la puerta a una Arequipa aún en formación. Son registros escritos a mano, testimonio del nacimiento de la administración local y de una ciudad que empezaba a organizarse. Estas piezas, frágiles y únicas, permiten entender cómo se tomaban decisiones cuando la palabra impresa aún no existía.
El Republicano, publicado entre 1825 y 1855, marcó el inicio de una prensa que acompañó la construcción del Perú independiente. Más adelante, diarios como La Bolsa reflejaron el auge comercial del siglo XIX, mientras El Deber se consolidó durante más de siete décadas como un referente del pensamiento conservador y católico. Sus páginas revelan debates morales, políticos y sociales que moldearon la identidad local.
La hemeroteca también guarda voces breves pero intensas. El Ariete y El Heraldo apostaron por una prensa combativa, mientras publicaciones como La Revista del Sur y el Diario El Sur ampliaron el registro de aspiraciones y conflictos ciudadanos. A ese mosaico se suma el largo recorrido de Diario Noticias, junto a medios aún vigentes como El Peruano, El Pueblo y Correo. Todos convergen en un mismo espacio, donde la historia no se resume: se consulta. En Álvarez Thomas 312, la tinta sigue viva.




