La pesca del perico, uno de los motores de la exportación pesquera peruana, entra en zona de turbulencia. Estados Unidos decidió bloquear el ingreso del producto capturado con redes de enmalle por su impacto ambiental, una medida que reconfigura reglas, mercados y prácticas, y expone la fragilidad de un sector altamente dependiente de un solo destino.
El impacto no es menor. En 2024, el Perú colocó en el exterior 13 mil toneladas de perico congelado por un valor de 105 millones de dólares. El crecimiento fue sostenido y el mercado estadounidense absorbió la mayor parte del negocio, tanto en volumen como en valor. Ese escenario cambia de forma abrupta con la aplicación de la Ley de Protección de Mamíferos Marinos.
La normativa estadounidense apunta directamente al uso de redes de enmalle o agalleras, consideradas un riesgo para ballenas, delfines y lobos marinos. Bajo ese criterio, solo el perico capturado con espinel de superficie podrá ingresar a Estados Unidos. El resto quedará fuera del principal mercado y sin certificación para exportación.
Ante ese escenario, el Ministerio de la Producción reaccionó con una resolución que redefine las reglas del juego. Desde ahora, el espinel de superficie será el único arte autorizado para la captura de perico destinada a la exportación. La decisión quedó formalizada, aunque sin detallar su vínculo directo con las observaciones técnicas de la NOAA.
El resultado es una pesca partida en dos. El perico capturado con redes se limitará al consumo interno, mientras el espinel se convierte en la llave de acceso al mercado internacional. La medida revela hasta qué punto la sostenibilidad ambiental se ha convertido en una barrera comercial y deja al sector frente a una transición forzada, con costos económicos todavía difíciles de dimensionar.




