En el corazón del desierto de La Joya, Arequipa, se construye un proyecto que no hace ruido, pero que transformará silenciosamente la forma en que el Perú se abastece de energía. Se trata de una planta solar fotovoltaica que, cuando esté operativa, podrá generar hasta 396 megavatios nominales —o 472 megavatios en potencia pico—. Suficientes para cubrir el consumo eléctrico de aproximadamente 400 mil personas.
La magnitud de esta obra no solo reside en las 600 hectáreas de paneles solares que se extienden frente a la Base Aérea de la FAP, sino en el símbolo que representa: un paso concreto hacia una matriz energética más limpia, sostenible y descentralizada.
En momentos en que la dependencia del gas natural y la vulnerabilidad de las hidroeléctricas frente al cambio climático generan incertidumbre, la apuesta por la energía solar en el sur del país se presenta como una solución viable y estratégica.
Cemento Yura, por ejemplo, inauguró hace poco su planta fotovoltaica con una inversión de más de 20 millones de dólares.
Ahora el grupo español Enhol, desarrolla el proyecto en La Joya para vender energía limpia a la red interconectada nacional.

Según su director de proyectos, Gerardo Torres Espíritu, la inversión de 350 millones de dólares ha sido enteramente privada, sin participación estatal directa.
Sin embargo, lo que sí involucra al país entero es su impacto: aproximadamente el 2% de toda la energía que el Perú consume será generada desde esta planta.
Ubicación privilegiada
La elección de La Joya no es casual. Esta zona del desierto arequipeño posee una de las más altas radiaciones solares del continente. De hecho, comparte características similares con el desierto de Atacama, considerado uno de los lugares con mayor potencial para generación solar en el mundo.
Ese nivel de insolación, que resulta adverso para la vida cotidiana, es precisamente lo que hace posible transformar luz en energía.
Actualmente, el proyecto se encuentra en fase de construcción, con un avance total del 15%. La línea de evacuación —que permitirá transportar la energía generada hacia el sistema interconectado nacional a través de una subestación ubicada en Cerro Verde— ya se encuentra cerca del 70% de ejecución.
El inicio de operaciones parciales está previsto para diciembre de este año, con una inyección inicial de 120 megavatios. El funcionamiento total se alcanzaría a fines de 2026.

El sistema y la red
Toda la energía producida será inyectada a la Red Eléctrica Nacional a través del Sistema Eléctrico Interconectado (SEIN). Aunque existe un contrato de compraventa de energía (PPA) con la empresa Kallpa, que absorberá parte de la producción, el resto ingresará al mercado spot. Una bolsa donde distintas empresas distribuidoras pueden adquirir la energía según sus necesidades.
Es decir, la electricidad generada no tiene un destino único: alimentará industrias, comercios y hogares en distintas regiones del país.
“Este tipo de proyectos ayudan a abaratar los costos de generación energética en el largo plazo”, explica Torres Espíritu. “Si bien no todos lo perciben de manera directa, una mayor participación de las energías renovables en la matriz nacional tiende a reducir los precios de la electricidad en el mercado”, agrega.
La planta que se construye en La Joya no será la única. En la zona ya existen otras iniciativas privadas en marcha, lo que proyecta a Arequipa como un futuro hub nacional de generación de energía renovable.
Se estima que, en conjunto, los parques solares en esta región podrían llegar a generar más de un gigavatio, consolidando a La Joya como una zona estratégica para el desarrollo energético del país.
Si bien la construcción de esta planta tiene una duración aproximada de 1 año y 8 meses, su vida útil se estima en al menos 30 años. Durante la fase constructiva, se ha logrado incorporar a más de 70 trabajadores locales de un total de 190. Y aunque la operación no requiere grandes cantidades de mano de obra directa, se espera que los servicios conexos —como mantenimiento, limpieza, transporte y hospedaje— dinamicen la economía de las zonas de influencia como San Camilo, Nueva Esperanza, Santa Rosa y zonas aledañas.

La energía del futuro
La energía solar no solo es más limpia, también puede ser más barata. A diferencia de las centrales térmicas o hidroeléctricas, los costos de operación de una planta solar son menores, y la materia prima —el sol— es gratuita e inagotable.
Si bien los paneles deben renovarse eventualmente y el polvo o el clima pueden reducir su eficiencia, los avances tecnológicos y la experiencia acumulada en el sector permiten optimizar los rendimientos año tras año.
El reto no solo está en generar, sino también en transportar. Como advierten los especialistas, la capacidad de las líneas de evacuación y subestaciones debe crecer a la par de la generación, para evitar cuellos de botella. Por ello, se prevén nuevas inversiones en infraestructura de transmisión en los próximos años.
Mientras tanto, Arequipa empieza a mirar al sol con otros ojos. No como un enemigo abrasador del mediodía, sino como una fuente inagotable de energía que podría iluminar el futuro energético del país.




