La escalada del conflicto en Oriente Medio elevó la tensión internacional y generó un fuerte impacto en los mercados energéticos. Irán advirtió que Estados Unidos se arrepentirá de haber iniciado la guerra contra la república islámica y anunció que mantendrá cerrado el estratégico Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores marítimos para el transporte de petróleo y gas en el mundo. Este paso conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y es clave para el comercio energético global, por lo que cualquier interrupción genera preocupación entre gobiernos y empresas.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el conflicto ha provocado una de las mayores perturbaciones en el suministro mundial de hidrocarburos. Países del Golfo han reducido su producción en al menos 10 millones de barriles diarios debido a la tensión en la región y al riesgo para las rutas marítimas. Para evitar una crisis energética mayor, los 32 países miembros del organismo decidieron liberar cerca de 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas con el objetivo de estabilizar el mercado internacional.
La reacción de los mercados fue inmediata. El barril de Brent Crude Oil, referencia internacional del petróleo, subió 9,22 % y cerró en 100,46 dólares, su nivel más alto desde agosto de 2022. En paralelo, el crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) avanzó 9,72 % y terminó la jornada en 95,73 dólares por barril. Analistas advierten que cualquier interrupción prolongada en el transporte de crudo desde Oriente Medio podría presionar aún más los precios del combustible y afectar la economía global.
En el plano político, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, prometió responder con dureza a los ataques iniciados el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, en los que murió su padre, Ali Jamenei. El conflicto también ha provocado una crisis humanitaria, con millones de desplazados dentro de Irán y una creciente tensión regional.




