
Por: Abg. Ioannis Gonzales Oviedo. Máster en Marketing Político y Comunicación
En el Perú de hoy hay una constante que se repite en cada conversación de mercado, en cada taxi y en cada cola del grifo: todo sube. El combustible sube, los alimentos suben, la “combi” sube. Lo único que no sube es la confianza.
El precio de la gasolina se ha convertido en un termómetro político. Cada suba golpea no solo el bolsillo, sino también la paciencia de un país que parece vivir en modo “walking dead”. Cuando llenar el tanque cuesta lo mismo que hacer una compra completa en el “Avelino”, algo está profundamente mal. Y no hablamos solo de economía. Hablamos de conducción del Estado.
Porque cuando el combustible sube, sube todo. El pasaje, el precio de los alimentos, el costo de movilizar mercaderia, incluso el valor de los servicios básicos. Es una cadena que termina siempre en el mismo lugar, el vecino común y silvestre. pagando “pato”.
Pero lo más preocupante no es el alza de los precios. Lo realmente grave es la sensación de abandono. El gobierno mira las cifras, los ministros ensayan explicaciones técnicas (como la de ayer en la conferencia de prensa de la PCM), y mientras tanto el vecino siente que nadie está realmente al volante del país.
El Perú vive una paradoja peligrosa: un Estado que cada vez recauda más, pero que cada vez genera menos confianza. La distancia entre la política y la vida diaria se ha vuelto abismal. Para muchos peruanos, el gobierno es hoy una institución lejana, incapaz de anticiparse a las crisis y experta solo en reaccionar tarde.
La confianza, a diferencia de la gasolina, no se importa ni se subsidia. Se construye con liderazgo, decisiones claras y capacidad de gobernar. Y eso es precisamente lo que hoy parece escasear.
Mientras el precio del combustible marca nuevos récords, el país enfrenta una crisis más silenciosa pero mucho más profunda: la erosión de la credibilidad pública.
Porque cuando un país deja de confiar en quienes lo gobiernan, el problema ya no es económico.
El problema es político.




