Por: Augusto Santillana. Abogado y Analista Político.

Le preguntaron a Adriana Tudela, actual congresista que va a la reelección- el precio del pollo; no tenía ni la menor idea. Le preguntaron, cuánta es la población que no tiene agua potable en el país. Tampoco sabía. Tan igual, una candidata por Arequipa por Fuerza Popular, a la pregunta del precio del kilo de pollo; indicó que estaba entre 24 y 25 soles, el kilo. Si pues, son candidatos que solo ganan por el efecto de “arrastre”. El solo hecho de marcar el símbolo del partido político de tu preferencia, automáticamente genera el efecto que los candidatos mejor ubicados por orden numérico, salgan elegidos. Y, ya sabemos que, a través de esa forma de elección, los más idóneos que uno elija por voto preferencial, difícilmente saldrán elegidos.

Y resulta llamativo que, en la mayoría de los partidos, especialmente de los actuales que tienen representación en el actual Congreso, los candidatos que están en las primeras ubicaciones de las listas al Senado y a Diputados, sean los más cuestionados. APP y FP, lideran las listas con más candidatos con sentencias o denuncias penales. Es decir, los más rankeados en el delito, en la coima, en la corrupción, son los primeros en la real posibilidad de lograr una curul en el próximo parlamento nacional.

Es por eso que es muy importante, tomar debida nota de al momento de la elección, la integridad del candidato que tiene relación directa con sus calidades personales: honradez, transparencia, respeto, competencia, rectitud. Actualmente, tener un doctorado o varias maestrías no garantiza que esos candidatos, sean íntegros.

Y como en el Perú y varios países de Latinoamérica, la elección presidencial viene unida con la elección al parlamento. La mayoría vota por el candidato a la presidencia. Nos preguntamos entonces, si los estándares de integridad, lo satisface, el candidato de APP. O, el candidato de PODEMOS. O, el candidato, de RP o de FP. La frase: “Dime con quien andas y te diré quien eres”, es más vigente que nunca. Se da una dinámica colectiva. Puede ser un candidato a presidente, nuevo en estas lides políticas, pero si ese partido, lleva candidatos al senado o a diputados, que han sido sentenciados o denunciados. Es obvio que ese candidato presidencial, carece de integridad y no manda en ese partido y es uno más que por ego, tener éxito o llegar a la cima, está dispuesto a todo, sea malo o bueno.

Hay un candidato a la presidencia que señaló lo siguiente: “En el Perú, es difícil encontrar políticos honestos”. Y, es cierto. Existen. Pero son muy rebuscados. Ser buen político ya es una cualidad, pero de ahí a ser honesto. Es una difícil tarea, encontrarlos.

Si bien la corrupción en el Perú, es un mal endémico y a la vez, sistémico, enraizado en las estructuras centrales de la sociedad, como lo diría el historiador Alfonso W. Quiroz. “Teniendo en cuenta que la corrupción constituye en realidad, un fenómeno amplio y variado, que comprende actividades pública y privada. No se trata solo del saqueo de los fondos públicos por parte de unos funcionarios corruptos como usualmente se asume.

La corruptela comprende el ofrecimiento y la recepción de sobornos, la malversación y la mala asignación de recursos, la interesada aplicación errada de programas, proyectos y políticas públicas. Los escándalos financieros y políticos, el fraude electoral y otras trasgresiones administrativas y en la gestión pública que despiertan una percepción reactiva en la ciudadanía en general”. Lo único que nos queda, es tratar de elegir al mal menor. Al que pueda de resistir y denunciar la corrupta administración pública. El mismo sistema, que lo envuelve a uno y lo empuja al delito, si no, lo expectora. Uno decide.

A los electores, darse el tiempo para elegir bien. Ya saben, al partido como colectivo (presidencia y parlamento) y serán sus antecedentes, su tumba política o el “ave fénix” para un Perú íntegro con menos corrupción.