La muerte del reverendo Jesse Jackson, figura icónica en la lucha por la igualdad racial en Estados Unidos, ha servido de escenario para que el presidente Donald Trump despliegue un mensaje que mezcla la admiración personal con la confrontación política más cruda. Tras el deceso de Jackson a los 84 años, Trump emitió una declaración que dista mucho de los homenajes convencionales de la Casa Blanca.

Trump describió al fallecido líder —colaborador cercano de Martin Luther King Jr.— como «un buen hombre, con personalidad arrolladora, coraje y astucia callejera», enfatizando una relación cercana que, según el mandatario, precedía por décadas a su llegada a la política.

DEFENSA ANTE ACUSACIONES DE RACISMO

El mensaje no tardó en tornarse defensivo. Trump utilizó el espacio para rechazar las críticas de sus detractores, tildando de «falsas» las acusaciones de racismo y responsabilizando a «canallas y lunáticos de la izquierda radical» por promover dicha narrativa. Como prueba de su compromiso con la comunidad afroestadounidense, el republicano enumeró hitos de su gestión, como el financiamiento a universidades históricamente negras y la creación de las Opportunity Zones para el desarrollo económico de zonas vulnerables.

EL FACTOR OBAMA

Sin embargo, el punto más polémico fue el ataque directo al expresidente Barack Obama. Trump afirmó que Jackson «no lo soportaba» y que el reverendo fue un artífice ignorado de la victoria de Obama. Este comentario ha reavivado tensiones recientes, ocurriendo apenas semanas después de que Trump difundiera contenido ofensivo contra el matrimonio Obama, generando el repudio de ambos lados del espectro político.

Mientras la familia de Jackson pide recordar su legado en organizaciones como la Coalición Arcoíris, el mensaje de Trump asegura que, incluso en el luto, la polarización estadounidense no da tregua.

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