
Por: Abg. Ioannis Gonzales Oviedo. Máster en Marketing Político y Comunicación
Esto empezó como empiezan siempre las cosas acá, con una explicación que nadie cree. José Jerí sale a decir que no pasó nada y, automáticamente, ya sabes que pasó de todo. Es casi una ley natural. Si el político se defiende antes de que le pregunten bien, es porque el cuento viene cargado (si quieres le quitas la “r” también).
Las damas entraron a Palacio como quien entra a terreno conocido. Sin papeleo incómodo, sin largas “colas”, sin “¿a qué viene usted?”. Nadie fue a turistear ni a aprender educación cívica. Entraron, conversaron, salieron tranquilitas y, días después, aparecieron las órdenes de servicio. Así de simple. El Estado puede demorarse meses para arreglar una pista, pero para estos casos tiene velocidad de Fórmula 1.
Acá nadie recomienda a nadie, dicen. Nadie llama, nadie empuja, nadie sugiere. Todo “coincide”. Coincide la visita, coincide el contrato, coincide la plata. Coincide tanto que ya no provoca indignación, provoca bostezos. Pero cuando el olor se vuelve fuerte y la prensa empieza a joder, aparece la jugada de siempre.
Caso aparte, es la cortina de humo en la “requisa” de Barbadillo. Agentes del INPE serios para la cámara, microondas, tvs y hasta los cubiertos de mesa de Toledo, notas de prensa escandalosas. Todos mirando colchones ajenos como si ahí estuviera el origen de todos los males. Nadie mirando oficinas, escritorios, firmas, órdenes de servicio. El truco es viejo, pero funciona porque distrae y cansa.
Mientras hacen show en el penal, los verdaderos vivos siguen chambeando tranquilos bajo techo. Cafecito caliente, lapicero nuevo, agenda ordenada. Y José Jerí insiste en que todo es legal. Claro, causa. En este país (que va a toda máquina), casi todo es legal cuando está bien sellado y nadie pregunta mucho.
Yo ya no me indigno. La indignación se gastó hace rato. Esto no es un escándalo aislado, es una costumbre bien aceitada. Hoy son damas, mañana asesores, pasado mañana “consultores”. Cambian los nombres, no la jugada, es el mismo cuento “chino”.
El problema no es que hagan la trampa. El problema es que la hacen sin disimular… y todavía esperan que les creamos.




