Por Augusto Santillana. Analista político
Esta semana se realizó el II Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, en la ciudad de Panamá, organizado por la CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, con el apoyo de PRISA y World in Progress (WIP). En este espacio, ante las arremetidas imperialistas de las principales potencias del mundo que buscan imponer un nuevo orden mundial, se destacó que América Latina está llamada a generar espacios de confluencia regional para mantener una posición de relevancia que incida en las decisiones que comprometen su destino. No puede ser simplemente un agente pasivo que observa cómo otros deciden el futuro de la región. La doctrina Monroe no debe revivir en los tiempos actuales, pues ya no somos colonia ni pretendemos serlo, aunque muchas veces nos comportemos como tal. Exigimos respeto a nuestras soberanías y al derecho internacional, que fuerza una convivencia pacífica pese a las guerras en diversas latitudes del orbe.
Para ello, en el foro se declaró como pilares fundamentales que una educación de calidad y la información independiente son cimientos imprescindibles para consolidar Estados fuertes e independientes. Es imperiosa la necesidad de que los gobiernos otorguen a la educación pública la jerarquía que merece, por su trascendencia generacional y su capacidad de brindar una formación de primer nivel. No podemos ser irresponsables con las políticas públicas en educación, en todos los niveles que se ofrecen. Nuestros hijos e hijas nos fiscalizarán en el futuro si nuestro sistema democrático les brindó o no una educación acorde a las exigencias de un mundo cada vez más digitalizado.
El presidente del Grupo Prisa, Joseph Oughourlian, señaló: “Debemos defender el pensamiento crítico y la verdad, pase lo que pase, cueste lo que cueste (…). Esa es la lucha en la que estamos: la lucha por la democracia, la lucha contra la desinformación, la lucha por la verdad y por la confianza”. Advirtió que la región vive tiempos convulsos. “Las grandes potencias —dijo— van a seguir viniendo hasta aquí con falsas promesas de modernización y democracia. Y, para hacerles frente, solo hay una respuesta: formación e información para los 670 millones de ciudadanos que viven en América Latina”.
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, recalcó: “No puedes tener paz y trabajo si no hay educación. La mejor manera de combatir la pobreza y asegurar la democracia es la educación. Sin educación no se construye nada”.
Las cifras regionales son alarmantes. Según datos de la Unesco y PISA, el 55 % de los estudiantes de América Latina y el Caribe no alcanzan los niveles mínimos de competencia en lectura, en comparación con el 26 % de los alumnos de la OCDE, la organización que reúne a 38 economías avanzadas. “Si estos niños no alcanzan las competencias mínimas de lectura, podrán ser engañados, coaccionados y manipulados. Y ya se está viendo: solo el 43 % de los latinoamericanos de entre 16 y 25 años apoyan la democracia como el mejor sistema de gobierno”. En nuestras manos está despertar la capacidad de nuestros 120 millones de estudiantes de educación básica, si consideramos que el gasto promedio en educación por cada niño latinoamericano es apenas la tercera parte del gasto en la OCDE.
La cita regional, que se convirtió en una cumbre multilateral de alto contenido político, un necesario “Davos latinoamericano”, reunió a siete jefes de Estado, un presidente electo y 6.000 invitados, quienes debatieron sobre el papel de América Latina en el nuevo orden mundial. Un espíritu conciliador atravesó el foro en Ciudad de Panamá, más allá de las diferencias ideológicas, como lo evidenció el saludo fraterno entre el presidente de Brasil, Lula da Silva, y el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien asumirá su mandato el próximo 11 de marzo.
Ante la avanzada de Estados Unidos en la región, las rencillas internas debilitan la capacidad de resistencia y, de continuar así, puede ser demasiado tarde, considerando que ya partimos rezagados.




