La lupa municipal volvió a posarse sobre el transporte público. En los terminales de Socabaya, inspectores de la comuna provincial pasaron revista a decenas de buses y encontraron un patrón de descuidos que no pasó inadvertido. El resultado fue concreto: tarjetas de acreditación retenidas, observaciones técnicas y un mensaje claro sobre las reglas que rigen el servicio.
El operativo dejó al descubierto detalles que suelen pasar desapercibidos para el usuario apurado. Asientos dañados que evidencian desgaste, elementos internos incompletos y señales que no coinciden con la imagen oficial del sistema revelaron una flota heterogénea. La revisión no se quedó en lo superficial: cada unidad fue contrastada con los requisitos que exige el servicio público, marcando distancia entre lo permitido y lo que circula a diario por la ciudad.
Tras la intervención, los propietarios quedaron frente a un reloj en cuenta regresiva. La municipalidad fijó un plazo de cinco días para corregir las observaciones detectadas. Solo después de subsanar las fallas técnicas, las acreditaciones volverán a manos de los transportistas. El procedimiento, según la comuna, busca ordenar sin paralizar, pero deja claro que la formalidad no es negociable cuando se trata de pasajeros.
La fiscalización no se limitó a los terminales. En la avenida Parra, otro control terminó con una unidad enviada al depósito municipal. El motivo fue contundente: no contaba con autorización de servicio ni habilitación vehicular para transportar personas. Desde la municipalidad señalan que estos operativos se repiten a diario en distintos distritos. La meta es sostener estándares de seguridad y calidad, y mantener bajo vigilancia constante a una flota que mueve a miles de arequipeños cada día.




