Desde Davos, Donald Trump volvió a sacudir la agenda internacional. Esta vez, con Groenlandia como eje. Tras reunirse con el secretario general de la OTAN, el presidente estadounidense anunció avances hacia un eventual acuerdo sobre la isla ártica y dio marcha atrás en su ofensiva arancelaria contra Europa, abriendo una nueva etapa de negociación política y estratégica.
Trump presentó la reunión con Mark Rutte como “muy productiva”. Habló de seguridad en el Ártico y de la necesidad, según su visión, de que Estados Unidos asuma un rol central en Groenlandia. Insistió en que la isla, territorio autónomo de Dinamarca y rica en minerales, es vital para la defensa estadounidense y de la OTAN frente a la influencia de China y Rusia. En ese contexto, volvió a plantear que Washington no busca un acuerdo ampliado, sino el control directo del territorio.
El giro más concreto llegó en el plano económico. Trump anunció que retirará los aranceles de hasta 25 % impuestos a ocho países europeos que respaldaron a Dinamarca y enviaron una misión militar de exploración a Groenlandia. Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia quedarían fuera de la sanción. El propio mandatario designó a J. D. Vance, Marco Rubio y Steve Witkoff como responsables de las negociaciones, reforzando el carácter político del proceso.
El discurso también incluyó matices inéditos. Por primera vez, Trump aseguró que no usará la fuerza para anexionar la isla, aunque deslizó que Estados Unidos sería “imparable” si lo hiciera. Criticó a Dinamarca por negarse a ceder Groenlandia y recordó el rol estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Desde la OTAN, se confirmó que las negociaciones seguirán, mientras Copenhague valoró como “positiva” la renuncia explícita al uso de la fuerza. La diplomacia, por ahora, gana tiempo.




