Por Augusto Santillana. Analista político
La democracia, que es el sistema de gobierno que tenemos para elegir, a través del pueblo, a nuestros gobernantes, a nivel local, regional y nacional. Todos los que conformamos este pueblo o más ampliamente, esta nación, aceptamos que aquellos que sean electos a través del voto, son nuestros representantes para dirigir el país. La democracia por tanto, conlleva soberanía, igualdad y respeto a la institucionalidad.
Con esto, traigo a colación, la vez que el presidente español, Rodríguez Zapatero, con ocasión de la XVII Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile, el año 2007, cuando el finado presidente venezolano, Hugo Chávez atacaba verbalmente y hasta con insultos, al ex presidente español José María Aznar, Y que motivó incluso en el rey Juan Carlos I, la famosa frase “…por qué no te callas..?
Zapatero, en su intervención señalaba que se puede discrepar radicalmente en las ideas o concepciones políticas, pero al ser, un presidente, el mandatario del pueblo, se merecía respeto. Y, en esa oportunidad, el ex presidente Aznar, era el presidente de los españoles. Ello, a pesar que Zapatero era un presidente socialista y Aznar, liberal. Era una cuestión de principios. Todos los presidentes democráticamente elegidos por el pueblo, se entiende que merecen respeto y se exige que sean respetados por quienes los representan.
El aún presidente chileno, Gabriel Boric, entregará la posta presidencial al nuevo presidente electo, José Antonio Kast, el próximo 11 de marzo. Ambos representantes de posiciones políticas antagónicas. El primero, de izquierda y el segundo de la derecha. Boric, una vez, confirmada la elección de Kast, lo primero que hizo fue llamarlo telefónicamente y expresarle sus felicitaciones por la victoria y el compromiso de apoyar su mandato. “…siempre estaré dispuesto a colaborar con los destinos de la patria. Chile se consolida en democracia y quiero un traspaso a la altura de lo que los chilenos se merecen”, le dijo.
No obstante que esta democracia viene siendo “surrada” por otros líderes del hemisferio; es el sistema de gobierno que mejor nos empodera como ciudadanos. Pensar lo contrario, implicaría insinuar que preferiríamos una dictadura. Lo que desechamos de plano. La base de la democracia es que cada persona tiene un voto y es libre de decidir qué hace con él. Con el adicional que todos los votos valen lo mismo. Lo que conlleva a señalar que todos tenemos el mismo valor político, sea el nivel de formación de cada uno. Es por lo mismo, que las autoridades que elegimos deben estar conscientes de la trascendencia de su cargo y la responsabilidad que tienen sobre sus hombros. La democracia se retroalimenta a través de los elegidos para gobernarnos.
Si ello le es exigible a un presidente elegido por votación popular, con mayor razón lo es para un presidente interino o de transición. Entre los más inmediatos que estuvieron en ese cargo en el Perú, Valentín Paniagua, es un referente de integridad y decoro. Teniendo en cuenta además que un presidente interino, es el eslabón que debe esforzarse para que la cadena del sistema no se quiebre y se corroa o incremente el caos y dé paso quizás a un gobierno dictatorial. Un gobierno de transición debe ser más ecuánime, honesto y transparente.
Por eso, no sé en qué estaba pensando, nuestro actual inquilino de la Casa de Pizarro; representante de un gobierno de transición, José Jerí, de “reguetonear” la investidura presidencial, asistiendo con polera y capucha a un encuentro con un empresario chino de dudosas credenciales a altas horas de la noche. Más allá de las denuncias penales y las investigaciones fiscales que de seguro, se harán a la par de lo que se viene descubriendo sobre los verdaderos motivos de la reunión. ¿Cómo queda el Perú, ante la vitrina global, con una escena graficada por nuestro presidente interino? ¿cómo queda el sistema democrático, de lo ya debilitado que se encuentra? Este joven político, no ha querido pasar a la historia como un presidente con las credenciales democráticas que el cargo exige: rectitud, integridad, cultura y civismo; sino como uno más que salió por la puerta trasera de Palacio de Gobierno, sin pena ni gloria.




