Lo ocurrido en la plaza de armas de Puno no fue un incidente aislado, sino una señal política. La candidata a senadora Sitza Romero Peralta fue increpada y retirada públicamente en medio de protestas, mientras dirigentes gremiales lanzaban un mensaje claro: el rechazo al fujimorismo sigue vivo y podría expresarse con mayor dureza si Keiko Fujimori pisa la región.
La escena se desarrolló a plena luz del día. Romero Peralta, hermana del exalcalde de Arequipa Yamel Romero, ofrecía declaraciones cuando la tensión escaló rápidamente. Los cuestionamientos del público se transformaron en confrontación directa. Hubo intercambio de palabras. Un varón la increpó. Una mujer se colocó frente a ella. El ambiente se volvió hostil y la visita terminó abruptamente.
Para los dirigentes locales, lo sucedido no fue casual. Lucio Callo Callata, del Comité Nacional de Lucha base Puno, sostuvo que la presencia de figuras vinculadas al fujimorismo solo aviva el descontento. Señaló que en la región existe un rechazo extendido a los partidos de derecha que respaldaron al gobierno de Dina Boluarte desde el Congreso. En ese contexto, responsabilizó directamente a Keiko Fujimori por insistir en ingresar a una zona que —afirmó— no los quiere.
El mensaje se repitió desde Juliaca. Wili Ito advirtió que, de persistir en estas visitas, las reacciones ciudadanas podrían ser aún más duras. A su juicio, el fujimorismo no ha leído el clima social del sur andino y continúa exponiendo a sus militantes a escenarios de rechazo abierto. “Advertidos están”, remarcó, deslizando que la responsabilidad recaerá en quienes insistan en provocar.
Desde Coata, Leonardo Vilca recordó que los dirigentes mantienen un acuerdo para impedir actividades de organizaciones políticas que respaldaron al actual Ejecutivo durante los momentos más críticos que vivió Puno. La advertencia quedó planteada sin rodeos: cualquier intento de ingreso será asumido como una provocación. El episodio de Sitza Romero, dijeron, es solo el anticipo.




