Radar estratégico/ Ayacucho: dónde la patria aprendió a latir en libertad

Por Henrry Torres Delgadillo – Especialista en Gestión de Riesgos

Cada 9 de diciembre, cuando el viento atraviesa las pampas de la Quinua, parece traer consigo el eco de miles de corazones que un día latieron al unísono por un sueño de libertad. Allí, en Ayacucho, no solo se libró una batalla; se forjó el alma del Perú. Ese 09 de diciembre de 1824, hombres simples, de manos curtidas y miradas firmes, decidieron que el futuro de sus hijos valía más que su propia vida.

Dicen que el mariscal Sucre, al contemplar a sus soldados, murmuró: “No hay fuerza más grande que la que nace del amor a la libertad”. Y tenía razón. Porque en Ayacucho no vencieron las armas; venció la esperanza. Más de 7,000 patriotas, de pueblos distintos, lenguas distintas y destinos distintos, se reconocieron por fin como hermanos bajo una sola promesa: que el Perú sería libre para siempre.

Hoy, al conmemorar la Batalla de Ayacucho y celebrar el Día del Ejército del Perú, no solo miramos al pasado; miramos al corazón de la patria. Cada soldado que custodia nuestras fronteras, cada joven que viste el uniforme con orgullo, cada familia que entrega a uno de los suyos al servicio del país, continúa escribiendo esa historia de valor silencioso. Ellos son los herederos del Ejército Libertador, guardianes de una llama que jamás debe apagarse.

El Perú no sería Perú sin Ayacucho. No seríamos quienes somos sin aquellos hombres que, entre el polvo, el sudor y el horror del combate, eligieron creer en un mañana mejor. Y es a ellos, y a los soldados de hoy, a quienes les debemos ese privilegio tan frágil y tan sagrado: vivir en libertad.

Que esta fecha nos recuerde que la patria no es un territorio: es un sentimiento que se defiende cada día. Un sentimiento que nació en Ayacucho y que sigue vivo en cada peruano que ama su bandera.

¡Honor eterno a los héroes de Ayacucho y gloria al Ejército del Perú, columna vertebral de nuestra nación!