El corazón de la industria cinematográfica late con fuerza en Los Ángeles, donde este domingo se celebrará la edición número 98 de los Premios Óscar. En los alrededores del Dolby Theatre, sede tradicional de la ceremonia, centenares de trabajadores afinan los últimos detalles para recibir a más de 3.000 invitados en la noche más importante del cine mundial.
Desde hace días, el emblemático Hollywood Boulevard se ha transformado en un enorme escenario en construcción. La famosa alfombra roja ya cubre las escaleras que conducen al teatro, mientras técnicos, decoradores y personal de seguridad trabajan contrarreloj para dejar todo listo antes de la llegada de las estrellas. A lo largo del recinto se han instalado réplicas gigantes de la icónica estatuilla dorada del Óscar, que se alzan como símbolos del evento y del glamour que caracteriza a la gala.
En el plano cinematográfico, la competencia llega marcada por producciones de gran impacto. Entre las favoritas destaca Sinners, que lidera la carrera con 16 nominaciones, seguida por One Battle After Another, con 13 candidaturas. La presencia internacional también se hace notar en esta edición, con varias películas en distintos idiomas compitiendo en las principales categorías.
El contexto político global tampoco pasa desapercibido. Autoridades estadounidenses han reforzado los dispositivos de seguridad tras alertas preventivas emitidas por el FBI sobre posibles riesgos vinculados a tensiones internacionales. Aunque el gobernador de California, Gavin Newsom, aseguró que no existe una amenaza inminente, las fuerzas del orden mantienen una estricta vigilancia en ciudades como Los Ángeles y San Francisco.
Con todo listo y las cámaras preparadas, Hollywood espera una noche en la que el cine volverá a celebrar su talento, diversidad y capacidad de emocionar al público de todo el mundo.



