Por: Augusto Santillana. Abogado y Analista Político.

En su momento, cuando fue anunciado, foto incluida, muchos coincidieron en mirar con buenos ojos, la propuesta para primer ministro, en Hernando de Soto. Una persona con un recorrido académico de prestigio, economista de profesión. Autor de libros. Consultor internacional. Candidato presidencial. Hasta el presidente Balcázar elogió que es un hombre muy relacionado a nivel internacional. Un “super prime” digno de generar expectativas.

Como que se iba a equilibrar el caudal de criticas anticomunistas o izquierdistas que venía recibiendo la elección de Balcázar como encargado de la Presidencia de la República. Causó bastante rechazo en la línea conservadora dicha elección y para apaciguarlo, de Soto, era ideal al cargo propuesto. Finalmente, tal ilusión política, no se concretó. De Soto fue expectorado al final y Mirelles, fue la elegida. Aunado que la mayoría de ministros fueron ratificados en sus cargos y los que entraron fueron piezas colocadas por los que hoy, nos gobiernan desde sus cuotas de poder desde el Congreso, (APP, PODEMOS, PL, RP y FP).

De Soto, ha señalado que lo que motivo su desbanque, fue que él no iba a ser una imagen decorativa y que iba a elegir para los miembros del gabinete ministerial a personalidades de reconocido prestigio profesional y eminentemente expertos en su campo. Y, como diría Mao Tse Tung, “Entre un rojo o un experto, prefiero a un rojo”, priorizando la ideología sobre la tecnocracia. No por la ideología, pero sí por las mismas mañas de siempre, acuerdos bajo la mesa, intereses propios, ni siquiera partidarios; Balcázar, demostró que él no decide, que él no gobierna. Tan igual que Jerí, es solo un “instrumento”, un “medio” una “distracción. El Perú, sigue en manos de Luna, de Acuña, de Cerrón; cual, mesa de ping pong, del otro lado, Keiko, Porky y de nuevo, Acuña.

El artículo 123 de la Constitución, señala que “El Presidente del Consejo de Ministros, es, después del presidente de la República, la voz autorizada del gobierno”. En efecto, el también llamado premier o primer ministro, es el segundo al mando. Por lo mismo, el cargo, exige que sea ocupado por una persona de relevancia académica, de experiencia en varios campos de la administración pública y, a la vez, sea una persona con cualidades de comunicación y dotes políticas. Pero, tan igual que para ser congresistas de la República, la Constitución nos vuelve a decepcionar. El artículo 124, establece como requisitos para ser ministro, “Ser peruano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y haber cumplido 25 años de edad”. No pide experiencia en el rubro relacionado a la cartera ministerial ni exige estudios de posgrado o de especialidad.

Creo que el nivel y la prestancia del primer ministro y de los ministros de Estado, se ha venido diluyendo a lo largo de la última década a la par con la cantidad de presidentes de la República.  Desde la elección de Martín Vizcarra, su primer elegido fue César Villanueva, acusado en el marco del caso conocido como “Lavajato”; se agravó con el primer gabinete elegido por Castillo, al designar a Guido Bellido, apodado el “Puka”. O, en el gobierno de Dina Boluarte, en donde la alta rotación o cambio de ministros era lo cotidiano. En su mandato rotaron cuatro primeros ministros, siendo el más cuestionado, Alberto Otárola. En el primer y único gabinete de Jerí, su premier fue Ernesto Alvarez, con un rosario de denuncias ante el Ministerio Público, por delitos muy graves, dos, incluso por presunto abuso sexual.

En nuestra vida republicana, los presidentes fueron muy sensibles o cuidadosos al momento de elegir a sus acompañantes en el Ejecutivo. Hubo buenos ministros, personajes de reconocida trayectoria profesional y experiencia basta. Si bien, alineados a la misma posición política del mandatario, liberal o progresista, pero con cualidades reconocidas. En el segundo mandato de Fernando Belaunde, tenemos a Manuel Ulloa Elías; a Javier Arias Stella; a Alfonso Grados Bertorini; Felipe Osterling Parodi. En el primer gobierno de Alan García, a Allan Wagner Tizón; a Carlos Blancas Bustamante.

Más de antaño, en el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, su primer ministro era el insigne abogado y diplomático arequipeño, Rafael Belaúnde Diez Canseco, que luego, fue sucedido, por otro personaje arequipeño, el médico, Julio Ernesto Portugal.

Así no lo exija la Constitución. El presidente que quiera hacer una buena gestión de gobierno; lograr cambios estructurales en bien de las mayorías y de los más vulnerables y quiera encaminar al Perú por el desarrollo y el crecimiento sostenido, debe cuidar quienes lo acompañan, pues será el termómetro para medir las aspiraciones que quiere en bien de la patria; o conseguir los intereses que persigue en provecho propio.

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