
Por: Lic. Julio Huaynasi. Director de Diario Revelación.pe
El nuevo gabinete encabezado por Denisse Miralles llega al Congreso en un momento decisivo. El voto de confianza que deberá otorgar o negar el Congreso de la República no es solo un trámite constitucional: es una prueba política que definirá el margen de maniobra del Ejecutivo y el tono de la relación entre poderes en los próximos meses.
Desde su conformación, el equipo ministerial ha estado rodeado de cuestionamientos. Miralles ha defendido que se trata de un gabinete “sin color político”, construido sobre criterios técnicos y orientado a la estabilidad. Sin embargo, las versiones cruzadas sobre presuntas influencias partidarias y tensiones internas han debilitado el mensaje inicial de autonomía. En política, la percepción pesa tanto como los hechos, y el Ejecutivo aún no logra disipar del todo las dudas.
El Congreso, por su parte, enfrenta su propia encrucijada. Negar la confianza puede interpretarse como un acto de fiscalización firme, pero también como un nuevo episodio de confrontación que profundice la inestabilidad. Otorgarla, en cambio, no implica un cheque en blanco, sino la apertura de una etapa en la que el control político deberá ejercerse con mayor rigor y menos estridencia.
El país no atraviesa un escenario de normalidad. La desaceleración económica, la inseguridad ciudadana y las emergencias climáticas demandan coordinación efectiva entre el Ejecutivo y el Legislativo. Un gabinete debilitado desde el inicio tendría escaso margen para impulsar reformas o destrabar proyectos pendientes. Pero un Congreso que actúe bajo cálculo exclusivamente político también corre el riesgo de alejarse de las prioridades ciudadanas.
Miralles tiene la tarea de presentar un plan claro, medible y realista. No bastarán las declaraciones de buena voluntad. El Parlamento, a su vez, deberá decidir si apuesta por la gobernabilidad con vigilancia o por la confrontación con costos compartidos.
El voto de confianza será, en esencia, un mensaje al país: o se opta por la estabilidad responsable, o se prolonga el ciclo de incertidumbre que tanto desgaste institucional ha generado en los últimos años.



