Por: Abg. Ioannis Gonzales Oviedo. Máster en Marketing Político y Comunicación

Jerí cayó… pero el verdadero juego recién empieza

José Jerí ya es «alma bendita». Cayó. Lo bajaron. Se acabó su turno bajo las luces de palacio. Pero si alguien cree que la película terminó ahí, está viendo la política peruana con los ojos cerrados.

Porque cuando en el Congreso vuela una cabeza, en los pasillos del poder empiezan a sonar las calculadoras.

Sí, la censura es constitucional. Sí, está en las reglas. Todo muy limpio en el papel. Pero en el Perú real (el del pan con chicharrón, emoliente y reuniones a puerta cerrada) el timing nunca es inocente. Y este timing tiene tufo «huactero» preelectoral.

Mientras medio país discute si Jerí se lo buscó o si fue ajuste de cuentas, el aparato estatal ya está calentando motores. En varios sectores se habla (en voz baja, claro) de acelerar proyectos, destrabar obras, meterle punche a la inversión pública.

La vieja confiable.

No nos engañemos: el país necesita obras, necesita ejecución, necesita que el Estado funcione. El problema empieza cuando la gestión deja de ser gestión y se vuelve vitrina. Cuando el presupuesto camina con GPS electoral. Cuando la obra pública aparece justo a tiempo para la foto.

Ahí es donde la gente frunce el ceño. Porque el ciudadano ya aprendió (a la mala) que en política peruana nada se mueve gratis.

La caída de Jerí no cierra la crisis. Apenas abre la siguiente puerta. La de la pelea silenciosa por el control fino del Estado: nombramientos, prioridades, chequera pública.

Y mientras los políticos se sacan chispas en público, el verdadero partido se juega en otra cancha.

Lejos del ruido.

Cerca del presupuesto.

Y ahí, como siempre en este país, es donde se empieza a escribir la próxima historia.

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