
Por: Abg. Arturo Montesinos Neyra
Febrero llega y algo cambia en el aire arequipeño. No es solo el verano ni el cielo despejado sobre el Misti. Es la música que se escucha desde lejos, las comparsas que ensayan en los barrios, el árbol de la yunza adornado con regalos y la emoción colectiva que anuncia carnaval.
En la región Arequipa, el carnaval no es una fiesta superficial. Es una expresión profunda de identidad, una herencia que une pasado andino, tradición colonial y creatividad popular contemporánea. Y hoy, más que nunca, representa una oportunidad cultural y turística que merece ser organizada y proyectada con visión regional.
Raíces que vienen de la tierra
El carnaval arequipeño tiene raíces antiguas. Antes de la llegada de los españoles, los pueblos andinos celebraban rituales vinculados al agua, la fertilidad y el ciclo agrícola. Febrero era un mes de abundancia y agradecimiento.
Con la colonia, el calendario cristiano incorporó el carnaval como festividad previa a la Cuaresma. El resultado fue una celebración mestiza donde el canto, la danza, la copla y el encuentro comunitario se volvieron protagonistas.
En la provincia de Caylloma, por ejemplo, el carnaval está íntimamente ligado a la tradición del valle del Colca. El wititi —reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO— simboliza cortejo, identidad y continuidad cultural.
Cayma: tradición viva a los pies del Misti
En la ciudad de Arequipa, uno de los escenarios más representativos del carnaval urbano es el distrito de Cayma.
El Carnaval de Cayma ha sabido conservar la esencia tradicional dentro de un entorno urbano moderno. Comparsas organizadas, danzas típicas, música de banda y la clásica yunza convierten plazas y avenidas en espacios de encuentro familiar.
Lo interesante de Cayma es que ha logrado institucionalizar la celebración sin vaciarla de contenido cultural. Las actividades suelen incluir:
- Presentaciones de danzas tradicionales.
- Concursos de comparsas.
- Participación de agrupaciones culturales.
- Actividades gastronómicas y ferias artesanales.
Aquí el carnaval no es desorden: es comunidad organizada. Es barrio, es identidad y es continuidad generacional.
Una región, múltiples expresiones
En Castilla, Camaná, Condesuyos y La Unión, el carnaval adopta matices propios. Las yunzas se convierten en el centro simbólico de la fiesta: el árbol adornado con regalos que se tumba entre baile y risas representa prosperidad y renovación.
En la provincia de Caravelí, el carnaval combina tradición costera, alegría veraniega y fuerte participación familiar. Las celebraciones pueden articularse con las playas del litoral y la gastronomía local, creando una experiencia cultural completa.
Cada provincia aporta su identidad. Lo que une a todas es el sentido de comunidad.
Carnaval como oportunidad turística
Arequipa posee una ventaja estratégica: el carnaval coincide con temporada alta de verano. Esto permite integrar cultura, gastronomía y naturaleza en una sola experiencia.
Una ruta regional del carnaval podría incluir:
- El Colca y sus danzas tradicionales.
- El Carnaval de Cayma como referente urbano organizado.
- Las celebraciones costeras de Caravelí.
- Ferias gastronómicas y artesanales en distintos distritos.
El turismo cultural busca autenticidad. Y eso es precisamente lo que ofrece el carnaval arequipeño: tradición viva, no espectáculo fabricado.
Identidad que se proyecta al futuro
El desafío no es mantener el carnaval como recuerdo del pasado, sino convertirlo en motor de identidad contemporánea.
Las nuevas generaciones participan con orgullo. Las redes sociales amplifican las comparsas. Los municipios comienzan a organizar calendarios oficiales. Todo indica que el carnaval puede consolidarse como una marca cultural regional.
Para lograrlo se requiere:
- Coordinación entre municipalidades.
- Programación anticipada y promoción nacional.
- Seguridad y orden que respeten la tradición.
- Participación activa de artistas y agrupaciones locales.
Arequipa tiene el potencial de posicionar febrero como su mes cultural emblemático.
Sentir antes que mirar
Cuando la banda empieza a tocar, cuando el árbol de la yunza se levanta adornado de serpentinas y cuando las comparsas avanzan por las calles de Cayma o por las plazas de la región, no se trata solo de diversión.
Se trata de memoria colectiva.
El carnaval en Arequipa es un puente entre generaciones. Es la risa compartida, la danza heredada y el orgullo de pertenecer a una tierra que sabe celebrar sin olvidar sus raíces.
En tiempos donde las identidades se diluyen con facilidad, el carnaval nos recuerda algo esencial: la cultura no es un accesorio, es una fuerza que une.




