Por: Abg. Arturo Montesinos Neyra. Político-Analista

Cada primer sábado de febrero el país levanta la copa y celebra el Día Nacional del Pisco Sour, instituido mediante la Resolución Ministerial N.° 161-2004-PRODUCE. La fecha no es casual ni decorativa: fue creada para posicionar al cóctel bandera como símbolo de identidad nacional y como herramienta de dinamización económica. Sin embargo, más de veinte años después, la pregunta es inevitable: ¿hemos logrado convertir esta conmemoración en una política sostenida de fortalecimiento productivo?

El Pisco Sour es vitrina; el pisco es industria. Y detrás de esa industria están regiones productoras como Arequipa, con valles históricos en Caravelí, Camaná y Castilla que sostienen tradición, empleo rural y patrimonio cultural.

Marco nacional: identidad y promoción

La decisión del Ministerio de la Producción de oficializar el Día del Pisco Sour buscó fortalecer el consumo interno formal, impulsar el turismo gastronómico y proyectar la marca Perú al exterior. A ello se suma la declaratoria del Pisco Sour como Patrimonio Cultural de la Nación en 2007, reforzando su carácter emblemático.

En términos económicos, las cifras recientes muestran que el pisco mantiene crecimiento en exportaciones, superando los nueve millones de dólares FOB en el último periodo anual reportado, con Estados Unidos, España y Países Bajos como principales destinos. Sin embargo, la magnitud del mercado aún es modesta si se compara con otras bebidas espirituosas globales.

Es decir, existe potencial. Pero el potencial requiere estructura.

A nivel subnacional, Arequipa cuenta con un instrumento normativo relevante: la Ordenanza Regional N° 367-AREQUIPA (2017), que declara el “Día del Pisco Arequipeño” el último sábado de setiembre e impulsa la “Ruta del Pisco Arequipeño”. Esta norma reconoce explícitamente la importancia productiva y cultural del pisco en la región.

La ordenanza no se limita a crear una fecha simbólica. Su espíritu es articular turismo, producción y promoción comercial, integrando gobiernos locales, productores y sector privado.

Arequipa posee valles con tradición vitivinícola centenaria. En la provincia de Caravelí, por ejemplo, la producción artesanal forma parte del tejido económico local. En este contexto, el marco regional podría ser una herramienta estratégica si se implementa con visión de mercado.

La Municipalidad Provincial de Caravelí dio un paso adicional con la Ordenanza Municipal N° 025-2020-MPC, que establece medidas de protección de la producción artesanal del vino y del pisco en la provincia.

Esta norma es clave porque aborda dos temas sensibles: la defensa del productor formal frente a la competencia desleal y la promoción de la actividad como parte del desarrollo local.

En un país donde la informalidad aún golpea diversos sectores productivos, contar con ordenanzas que respalden la formalización y la calidad no es un detalle menor. Es una señal de institucionalidad.

Más que una celebración: una política de Estado pendiente

El Día del Pisco Sour no debería reducirse a concursos de coctelería y activaciones comerciales. La verdadera política pública debería enfocarse en:

  • Incrementar la productividad agrícola de uvas pisqueras.
  • Impulsar asociatividad exportadora.
  • Garantizar trazabilidad y autenticidad del producto.
  • Consolidar rutas turísticas con estándares internacionales.
  • Facilitar acceso a financiamiento y asistencia técnica.

Las regiones productoras del sur —Caravelí, Camaná y Castilla— tienen ventajas comparativas: clima, tradición, conocimiento técnico y reconocimiento histórico. Lo que necesitan es articulación estratégica.

Exportación y mercado interno: doble apuesta

El crecimiento exportador es alentador, pero el mercado interno sigue siendo el principal soporte del sector. Restaurantes, hoteles y eventos gastronómicos son plataformas fundamentales para consolidar consumo formal.

Aquí el rol de las autoridades regionales y provinciales es decisivo: integrar el pisco en calendarios turísticos, promover ferias especializadas y vincular la producción con experiencias culturales.

Una “Ruta del Pisco del Sur” fortalecida no solo generaría ingresos directos, sino que dinamizaría servicios conexos como transporte, hospedaje y gastronomía.

Perú tiene fecha nacional. Arequipa tiene ordenanza regional. Caravelí cuenta con ordenanza provincial de protección productiva. El andamiaje jurídico está construido.

El desafío es que esas normas no queden en el archivo administrativo. Convertirlas en desarrollo implica presupuesto, fiscalización, capacitación y promoción constante.

En un contexto donde el país busca diversificar su matriz productiva y fortalecer cadenas de valor regionales, el pisco representa una oportunidad concreta. No solo por su valor simbólico, sino por su capacidad de generar empleo rural, identidad territorial y posicionamiento internacional.

El Pisco Sour es el brindis. El pisco es la economía. Y las normas ya establecieron el camino.

Lo que corresponde ahora es recorrerlo con decisión y visión de futuro.

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