A los 13 años, en el distrito de Islay – Matarani, provincia de Islay, Jean Pierre Canaza, no imaginaba que la trompeta que sostenía entre sus manos marcaría el ritmo de toda su vida. En el colegio nacional Miguel Grau aprendió a ejecutar el instrumento, sin saber que ese talento sería la base que le permitiría abrirse camino en el mundo profesional y sostener una carrera universitaria lejos de casa.
“Gracias a ese talento que me dio Dios pude trabajar y apoyarme con mi carrera, que es el Derecho”, recuerda. A los 18 años, como muchos jóvenes de provincia, migró a Arequipa en busca de un futuro mejor. La música fue su aliada constante. Integró reconocidas agrupaciones locales como “Somos Mollendo”, “Sabor Fresco” y otras orquestas de renombre, lo que le permitió solventar sus estudios sin abandonar su formación académica.

Canaza estudió Derecho en la Universidad Andina Néstor Cáceres Velásquez. “Nunca dejé de estudiar. La música nunca fue una excusa para abandonar mi carrera”, afirma. En 2016 culminó sus estudios y, gracias a su desempeño académico, accedió al programa Secigra Derecho, que realizó en la Defensoría del Pueblo. Allí descubrió una faceta clave de su vocación: el servicio a la ciudadanía. “Aprendí lo que realmente significa servir a la sociedad”, señala.
“LA ESTABILIDAD NO LLEGÓ DE INMEDIATO”
Como muchos jóvenes profesionales, enfrentó periodos de incertidumbre laboral, que volvió a sobrellevar apoyado en la música. Sin embargo, la pandemia marcó un punto de quiebre. Con los escenarios cerrados y el ejercicio profesional limitado, decidió emprender. “Gracias al ingenio que heredé de mis padres, inicié un negocio de limpieza y lavado de muebles y colchones, que hasta hoy sigue vigente”, cuenta.

Durante ese periodo también tocó en las calles y, a través de contactos y esfuerzo constante, llegó a trabajar en EsSalud Arequipa, donde se desempeñó durante tres años en asesoría jurídica. Más adelante, su experiencia lo llevó al Congreso de la República. “Trabajé aproximadamente dos años y participé en la elaboración de 87 proyectos de ley, muchos de los cuales hoy ya son leyes”, destaca.
NI LIMA NI AREQUIPA LO ALEJARON DE LA MÚSICA
En la capital del país, integró orquestas de mayor alcance y continuó perfeccionándose como trompetista. “La trompeta es un instrumento que te forma como líder. Exige disciplina, paciencia y decisión”, explica. Lleva más de 21 años tocándola y ocupa siempre la primera trompeta, un rol que define su carácter.
Con el tiempo, decidió regresar a su lugar de origen y abrir su estudio jurídico en Matarani, para luego hacerlo también en Arequipa. Hoy ejerce en las especialidades de familia, penal y derecho administrativo. Paralelamente, mantiene una fuerte vocación social. “El dinero que uno gana tiene que devolverlo a la sociedad”, afirma. Cada año realiza actividades solidarias, especialmente con niños y familias de escasos recursos, y brinda asesoría legal gratuita cuando es necesario.

“Gracias al arte no pierdo mi humanidad, al contrario, la sigo fortaleciendo”. Para él, la música no solo fue un medio de sustento, sino una escuela de vida que lo ayudó a ser mejor profesional y mejor persona. En tiempos donde la viveza suele deshumanizar, su historia recuerda que el arte y la justicia también pueden caminar juntos.




