Lic. Jonathan A. Barcena Carpio. Periodista
En el 2023, Ana Paola de 19 años murió de 47 puñaladas al interior de un laboratorio de la escuela profesional de Física de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA). Ella fue victimada a manos de quien decía quererla, otro joven estudiante universitario de 18 años de nombre Rodrigo Franco. El año pasado, Lener Yeferson de 29 años, no pudo más con un supuesto hostigamiento académico y decidió autoeliminarse. Él era conocido en sus redes sociales como “Kevin Autista”. Y este 2026, Jimena Del Carmen, de 22 años, tomó una nueva decisión trágica y dejó caer su cuerpo al vació desde el cuarto piso de la Facultad de Administración. ¿Qué está pasando en la UNSA?
Todos ellos son víctimas de un estado mental caótico que impera en la primera casa superior de estudios de Arequipa. La salud mental está venida a menos y a las autoridades agustinas no les importa qué pasa en la mente de sus estudiantes. Solo reaccionan con un frío y escueto comunicado lamentando las muertes, luego de ver un cuerpo inerte en sus claustros universitarios. ¡Basta ya!
¿Dónde está el bienestar universitario que pregona el rector Hugo Rojas Flores?, ¿Acaso la salud mental no es bienestar, no es importante? Además de su mutis habitual, el médico colgó el mandil blanco, olvidó su juramento hipocrático y se puso el terno negro de la indolencia, sin importarle qué pasa con sus más de 26 mil estudiantes. Señor rector, poco o nada se puede hacer contra la indiferencia, y la indiferencia mata, sino pregúnteles a las familias de Ana Paola, Lener Yeferson o Jimena del Carmen.
Pregunto, médico Hugo Rojas, ¿dónde están sus psicólogos y psiquiatras que deben velar por el bienestar de los estudiantes universitarios? ¿Están trabajando o es que no existen este tipo de profesionales en la casa superior agustina? Eso debe responderse y analizar. Para su conocimiento, años antes un especialista conversaba con los ingresantes a la universidad y les daba un diagnóstico, ¿Hoy existe esa conversación?… ¡Díganos señor rector!
Mientras la salud mental sea lo último dentro de los claustros agustinos, seguiremos viendo decisiones trágicas, escucharemos desgarrarse el alma de padres que encuentran a sus pequeños inertes en los pasillos universitarios y lloraremos la partida temprana de jóvenes que son el presente y futuro de un país que necesitan de profesionales SANOS.




