Desde este jueves, más de seis mil médicos de Arequipa paralizarán sus labores de forma indefinida, marcando un nuevo punto de quiebre entre el gremio y el Gobierno Regional. La medida apunta a la falta de claridad en el manejo del presupuesto, al uso político de la Gerencia de Salud y a la permanencia de Walther Oporto en el cargo.
Un grupo de médicos se concentrará primero en la sede central de la Federación Médica Peruana, en la avenida Alcides Carrión. Desde allí, la movilización avanzará hacia el Consejo Regional de Arequipa. El objetivo es claro: buscar un espacio de diálogo con su presidenta, Norma Ortega, y empujar la interpelación del gerente regional de Salud. La presión se traslada así del reclamo gremial al escenario institucional.
René Flores, representante de la Federación Médica Peruana en Arequipa, sostiene que la huelga no es un fin en sí mismo. Abre una puerta a la suspensión de la medida si el Gobierno Regional comprende el fondo del reclamo. La clave, según explica, pasa por decisiones políticas concretas desde el Consejo Regional y por cambios que permitan mejorar el sistema de salud. El mensaje es directo: sin señales claras, la paralización continuará.
Las consultas externas se restringirán y más de siete mil citas deberán ser reprogramadas. Solo los servicios de emergencia se mantendrán operativos. A este escenario se suma una crítica recurrente: la ausencia del gobernador Rohel Sánchez, nuevamente de vacaciones en medio del conflicto, como ocurrió el año pasado. Para el gremio médico, la reiteración del problema confirma que la gestión del sector Salud sigue atrapada en decisiones políticas que frenan la mejora de hospitales y servicios.




