Abg. Arturo Montesinos Neyra. Analista político
Caravelí despierta cada año al ritmo de campanas, colores y fervor religioso el 1 y 2 de febrero. Fechas en las que se celebra con profunda devoción la fiesta patronal en honor a la Virgen del Buen Paso. No es una fecha cualquiera: es la conmemoración que articula la identidad social, religiosa y hasta productiva de una provincia cuyo paisaje combina vides, y desierto.
La fiesta se ha consolidado como un punto de reunión comunitaria que articula generaciones. Desde tempranas horas de la mañana del 2 de febrero, las calles de la ciudad se llenan de fieles, visitantes y devotos que participan de la misa solemne, procesión y actos culturales. Este evento no se limita a un ritual religioso aislado: es un fenómeno social que reúne elementos de historia, economía local y expresiones culturales propias del sur peruano.
Desde las Islas Canarias
La devoción por la Virgen del Buen Paso no es originaria de Caravelí. Su imagen llegó al territorio peruano alrededor del siglo XVII, traída desde las Islas Canarias (España), específicamente con vínculos a la tradición religiosa de aquella región atlántica en tiempos coloniales. La talla, que representa a la Virgen con el Niño Jesús, salió de Europa en una travesía que atravesó el Atlántico y diversas escalas por puertos latinoamericanos antes de arribar al Callao. Desde allí, fue trasladada por tierra hacia el sur del país, hasta instalarse en la entonces naciente comunidad de Caravelí.
La llegada de la imagen no estuvo exenta de relatos que han alimentado la memoria popular. Las crónicas locales cuentan que la imagen parecía “guiar” su propio destino, como si su presencia indicara el lugar donde debía quedarse. De esa percepción surge el nombre con el que llegaría a ser conocida: Virgen del Buen Paso, un apelativo que resume la idea de protección, guía y acompañamiento espiritual para quienes emprenden caminos, ya sean físicos o metafóricos.
Un símbolo comunitario
Desde su instalación en la provincia, la imagen ha sido objeto de veneración constante. La fiesta patronal se convirtió con el tiempo en la expresión religiosa más importante de la provincia. Las actividades que la conforman combinan lo sacro y lo comunitario: hay asistencia masiva a la liturgia, además de eventos culturales, festival de platos típicos y presentaciones folclóricas que no solo atraen a devotos sino también a turistas y habitantes de distritos cercanos. La economía local percibe un impulso evidente, sobre todo en sectores como la gastronomía, el comercio, los servicios de hospedaje y otros.
Con el paso de los años, esa devoción trascendió el plano exclusivamente religioso para incorporarse a elementos identitarios del entorno productivo de Caravelí. En particular, la viticultura, actividad económica emblemática de la provincia, encontró en la Virgen del Buen Paso una figura protectora. Las vides, el vino y el pisco forman parte de la economía y cultura local desde épocas coloniales, y no es casual que los viticultores, trabajadores agrarios y productores se hayan apropiado de la figura de la Virgen como símbolo de protección sobre sus cosechas y procesos productivos.
La Virgen del Buen Paso fue oficialmente declarada patrona de la viticultura, por la Municipalidad Provincial de Caravelí y agricultores en la gestión 2019-2022; es innegable que esa vinculación ha sido reforzada por las propias dinámicas sociales y celebrativas de la región. En años recientes, distintas organizaciones comunales, vitivinícolas y autoridades locales han promovido el reconocimiento de la Virgen del Buen Paso como guardiana del oficio de la vid, consolidando un lazo simbólico que expresa tanto devoción como agradecimiento por la productividad de la tierra.
Una tradición que mira al futuro
La festividad de la Virgen del Buen Paso en Caravelí es más que una fecha en el calendario religioso. Es una tradición que articula fe, historia y futuro común. Para los jóvenes de la provincia, la fiesta es un momento para reencontrarse con sus raíces, para las familias representa la continuidad de una devoción transmitida de generación en generación, y para los visitantes es una oportunidad de conocer expresiones culturales que difícilmente encuentran paralelo en otras regiones del Perú.
Las procesión domina el centro de Caravelí en la mañana del 2 de febrero, con andas decoradas, mujeres y hombres que visten trajes típicos y músicos que acompañan cada paso de La Virgen —con su manto solemne— recorre las calles con una mezcla de solemnidad y celebración. La comunidad no solo venera una imagen religiosa, sino que también reafirma un sentido de pertenencia colectivo que la historia fue construyendo a lo largo de siglos.
Si bien la llegada de la Virgen del Buen Paso tuvo lugar en el contexto de la expansión colonial, su presencia en Caravelí se ha convertido en un elemento identitario irreductible de la provincia. Hoy su historia no solo se recuerda en las iglesias y altares, sino también en la memoria viva de quienes trabajan la tierra, reúnen cosechas y celebran cada año con fe y esperanza.
La fiesta patronal de Caravelí, en ese sentido, es un puente entre el pasado y el futuro. Une memoria histórica, vitalidad económica y expresión cultural en un mosaico que describe a una comunidad que no renuncia a sus tradiciones, pero que también las proyecta hacia un porvenir compartido. En cada campanada y en cada paso, la Virgen del Buen Paso sigue haciendo honor a su nombre: acompañando a un pueblo que avanza, cree y celebra.




