El cielo volvió a ser noticia, pero no por lluvias ni sismos. Una tormenta geomagnética, la más intensa en dos décadas, alcanzó la Tierra y obligó a reforzar el monitoreo del clima espacial. En Perú, el IGP precisó la duración del evento y aclaró qué tan vulnerable es la infraestructura tecnológica frente a esta explosión solar.

El fenómeno se originó el 19 de enero tras una explosión solar de gran magnitud. Una eyección de masa coronal, asociada a una llamarada de clase X1.9, viajó a una velocidad inusual y alcanzó la Tierra en apenas 25 horas. Esa rapidez aumentó su capacidad de alterar la magnetosfera terrestre y elevó la tormenta a la categoría G4, considerada severa. Para el IGP, se trata de un episodio poco frecuente que obliga a mantener vigilancia constante durante al menos tres días.

Las mediciones confirmaron una actividad geomagnética fluctuante entre niveles leves y severos. Estaciones nacionales y satélites internacionales detectaron perturbaciones que pueden afectar sistemas sensibles, como redes eléctricas, satélites de órbita baja y servicios de posicionamiento global. En Jicamarca, los registros evidenciaron irregularidades en la ionosfera y alteraciones en el campo eléctrico ecuatorial, señales claras del impacto sobre el espacio cercano a la Tierra.

Aunque muchos asocian estos eventos con fallas en celulares, el mayor riesgo se concentra en la aviación y los sistemas GPS. El IGP y la Agencia Espacial del Perú explicaron que la nube de plasma solar, cargada con un intenso campo magnético, interactúa con la magnetosfera y genera estas perturbaciones. Las instituciones mantienen protocolos activos y recomiendan informarse por canales oficiales, evitar mirar directamente al Sol y entender que, por ahora, la ciencia sigue de cerca un fenómeno extraordinario que aún no se disipa.

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