Un museo donde Arequipa guarda su memoria

En el Centro Histórico, hay muros que no solo sostienen techos, sino recuerdos. El Museo Municipal Guillermo Zegarra Meneses ocupa un antiguo inmueble del Fundo del Fierro y reúne, en un solo espacio, arquitectura, objetos y documentos que narran la transformación de Arequipa a lo largo de más de dos siglos.

El edificio que hoy alberga el museo tuvo muchas vidas antes de convertirse en guardián de la memoria local. A inicios del siglo XIX funcionó como el Colegio de las Educandas, una institución clave en la formación femenina de la época. Luego, el crecimiento urbano lo empujó a otros usos: fue cárcel pública, taller de carros y espacio utilitario, reflejo de una ciudad que cambiaba de ritmo y necesidades sin detenerse.

La recuperación llegó en la segunda mitad del siglo XX, cuando la Junta de Rehabilitación y Reconstrucción decidió expropiar el inmueble y ponerlo en valor. Parte del espacio se destinó a los artesanos y otra al Museo Histórico Municipal, que abrió sus puertas en 1877. Desde entonces, la arquitectura se convirtió también en contenido. La fachada de sillar, las pilastras neoclásicas, los enrejados de fierro forjado y los patios interiores revelan capas de historia superpuestas, incluyendo la antigua capilla, identificable por su espadaña.

La colección del museo responde a una idea gestada en 1955 por Guillermo Zegarra Meneses, historiador y abogado que impulsó la creación de un museo histórico municipal. Hoy, óleos, cerámica, objetos líticos y archivos fotográficos permiten recorrer el devenir de Arequipa desde sus orígenes hasta la República. El entorno refuerza el relato: la Plaza San Francisco, antes llamada 28 de Febrero, recuerda la revolución de 1865. Todo converge en un mismo punto, donde el pasado sigue dialogando con la ciudad viva.

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