Los nudos cuánticos del Quipu: Ética de brujo

Historias al atardecer Por Sarko Medina Hinojosa

Ella estaba allí, con las manos sudando y las piernas temblando. Una amiga, como siempre, le había asegurado que ese brujo pactado le haría el “trabajito” que necesitaba, pero que seguro también le pediría un favor sexual a cambio de entregarle a su ex novio, rendido a sus pies. Ya lo había pensado y estaba dispuesta a acceder a lo que fuera, con tal de tener en sus brazos al amor de su vida.

—¿Cómo se llama el afortunado? —preguntó el personaje.  

—Ignacio Huamanpura… así se llama.

—Se fue con otra, ¿no es así? —repreguntó, recibiendo una respuesta afirmativa y asombrada.

—Ummmm, pues no va a ser posible el trabajito, y mira que estoy con ganas de hacerlo —le dijo algo molesto, mientras la despedía.

Ya solo en su sala de embrujos, el encantador reflexionaba en la poca suerte que tenía, ya que recordaba, con profunda decepción, que un mes antes le vino a solicitar igual trabajo una fémina, menos agraciada a su parecer que la que acababa de correr. Un enojo por la presa perdida hace que hable en voz alta:

—Si no fuera porque tengo ética profesional, le hago el trabajo a la chiquilla y le devuelvo a su novio y dejo tirando cintura a la fea esa, que ahora lo tiene al sonsonazo ese gracias a mi —terminaba por gritar antes de tomar el primer trago de aguardiente de la mañana.  

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