OMS: carnes procesadas al mismo nivel que el tabaco por provocar cáncer

La advertencia no llegó en tono dramático, pero fue contundente. Tras años de estudios, la OMS decidió colocar a las carnes procesadas en el mismo grupo de riesgo que el tabaco y el asbesto. No se trata de una comparación literal de daño, sino de certeza científica. Jamón, panchos y panceta quedaron bajo una lupa incómoda y persistente.

El respaldo técnico vino del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, un organismo que revisa, compara y discute evidencia antes de emitir una conclusión. Allí, tras analizar investigaciones epidemiológicas y experimentales, se consolidó un consenso poco amable con ciertos hábitos alimentarios. La categoría asignada no mide cantidades ni frecuencias exactas, sino el grado de certeza sobre la relación entre el consumo de estos productos y el desarrollo de cáncer en humanos, en especial en el intestino grueso y el recto.

El foco del problema no está en la carne como materia prima, sino en el recorrido industrial que la transforma. Curar, salar y ahumar no son gestos inocentes. Son técnicas pensadas para conservar y potenciar sabores, pero que en el proceso generan compuestos químicos capaces de alterar el equilibrio celular. En ese camino aparecen los nitratos y nitritos, conservantes habituales que, al reaccionar con las proteínas, dan lugar a nitrosaminas, sustancias con capacidad de dañar el ADN.

La cadena de riesgos no se corta en la fábrica. La cocina también juega su parte. Cuando el fuego es intenso y directo, o cuando la sartén alcanza temperaturas extremas, se forman otros compuestos indeseados. Las aminas heterocíclicas surgen en esos escenarios y se suman a una combinación que, según el CIIC, eleva la probabilidad de que estos alimentos favorezcan procesos cancerígenos. El mensaje no es alarmista, pero sí claro: la evidencia está sobre la mesa y ya no se puede mirar hacia otro lado.