Meditaciones arequipeñas: Uyariy

Oswaldo Calle Talavera. Analista Político

El documental Uyariy de Javier Corcuera, muestra cómo sucedieron las muertes en las protestas del 9 de enero de 2023 en la ciudad de Juliaca. La obra hace un recorrido por Puno y exhibe testimonios de médicos de la Cruz Roja, pobladores, jóvenes, padres y madres de familia que pedían un cambio. Todos concuerdan en el abuso. Describe la forma en que fueron reprimidos, por una Policía que, desde helicópteros, tiraba bombas lacrimógenas y demostraba su impericia en el control de una ciudadanía desbordada. 

La tristeza abunda en Uyariy. Es difícil no cautivarse. Las lágrimas en la sala de cine son compasivas y acompañan el dolor de una madre que narra cómo su hijo, menor de edad y que no estaba en las protestas, murió de un balazo. 

La violencia es el tema principal. Un sacerdote nacido en Ica y con 40 años en Juliaca, narra cómo mataron a los 18 pobladores y dejaron más de una centena de heridos. Mientras muestra decenas de cartuchos de las bombas lacrimógenas y perdigones que la policía lanzó con violencia. 

Juliaca y su gente protesta, muestra cantos que desgarran y los sikuris que, en sus zampoñas y bombos, usan la música como instrumento de comunicación y condena. Puno no se lamenta, valiente gime y solloza mediante su música al compás de la pena y la impotencia. 

Puno es sonoro y las lágrimas del recuerdo de las matanzas en Juliaca brotan acompañadas de un canto afligido que entona «esta democracia, ya no es democracia». Mientras maldicen a los políticos que, desde una Lima muy lejana, son ajenos a lo que pasa en el sur del país.  

Uyariy no sólo nos muestra el desconsuelo de la muerte, nos dice y convence que entre Lima y Puno no sólo hay unos kilómetros o una hora y media en avión. El documental nos dice que esa parte del sur del país es una nación distinta, lejana en años y olvidada por décadas. Nos dice que las nuevas generaciones, instruidas y con información, no quieren ser engañadas y reclaman por esa porción de país que también les corresponde disfrutar. 

Corcuera, visibiliza la herida, el canto está vez no es alegre para Juliaca. Uyariy, que en quechua significa escuchar, nos invita a oír con detenimiento, con el corazón y las manos abiertas. Nos hace un llamado de atención a nuestros intereses y a la fragilidad de nuestra memoria. 

Uyariy no sólo registrar muertes, pinta con talento y paciencia, un modelo y molde histórico repetitivo desde hace dos siglos. El olvido, descuido, maltrato y represión ejercida sobre los territorios quechuas y aimaras, la violencia como respuesta del poder, dibujan al Perú y sus gobiernos. El documental narra lo que los políticos no quieren mencionar y nos hace reflexionar en nuestras diferencias. 

Uyariy es provocador, es político y justiciero. Nos hace cavilar a la justicia como entelequia y expone que hay heridas que no cierran nunca. 

Era evidente que, Boluarte y toda su comparsa en el Congreso, que la apoyó en su mandato, no querían que el documental se exhiba en salas de cine. Se habla de censura del documental que a 90 días de las elecciones presidenciales nos puede ayudar a recordar y separar los buenos de los malos. 

El público está respondiendo con asistencia a las salas, el intento de veto ha causado que el interés aumente. Ojalá tengamos documentales de todo lo que ocurre y que se conozca que no se cuenta en el país, con autoridades que promuevan la cultura, sin color de camiseta y sin conveniencias del titular o partido político de turno. Uyariy, escuchar para no olvidar.