Uyariy: cuando escuchar se vuelve un deber político

Por Ricardo Mendoza

Milagros Samillán Sanga, hermana de uno de los ciudadanos abatidos durante las manifestaciones y vocera de la Asociación de Mártires y Víctimas del 9 de enero, aceptó conversar con nosotros tras una proyección privada de Uyariy (‘escuchar’ en quechua), la última obra de Javier Corcuera sobre el estallido social y la matanza del 9 de enero de 2023 en Juliaca. La conversación se enmarca en el estreno oficial del film el pasado 9 de enero, un gesto simbólico al situarse en la semana del aniversario de la masacre, pero que se ha visto envuelto en la polémica en medio de denuncias de censura. Ya presentada en el 29º Festival de Cine de Lima y estrenada en Juliaca junto a familiares y sobrevivientes, la obra se alinea, desde su calendario, con una ética de la memoria y la escucha que el país se debe a sí mismo.

Me comentabas que ahora que volviste a ver el documental te sorprendes de ti misma y de las palabras que dijiste durante la grabación.

Bueno, luego de lo sucedido (los hechos del 09 de enero de 2023) vinieron muchas entrevistas (de diferentes medios) y como que uno nunca sabe qué va a decir porque no te preparas para eso. Pero me di cuenta de que tenía dos opciones: quedarme llorando en casa y no decir nada, o empezar a contar todo lo que nosotros vivimos, todo lo que pasó con mi hermano Marco (Samillán) y cómo es que le arrebataron la vida. Ahora que veo el documental digo, ¿cómo es que conté todo eso? y ¿cómo es que mis palabras salieron así? Pero como dijo Javier (Corcuera) lo bonito de grabar este documental basado en una masacre tan feroz es que las víctimas hablamos desde nuestra verdad, no es nada fingido, no es nada inventado, hablamos desde el dolor que hemos vivido en esos momentos.

Uno de los elementos centrales de Uyariy son los testimonios de los familiares de las víctimas. Estas voces tienen la dolorosa necesidad de contar su versión de los hechos una vez más, entre otras cosas para contrarrestar narrativas estigmatizantes —como la que tilda de “terroristas” a sus familiares asesinados— y defender su honor y dignidad. Al mismo tiempo, esos testimonios humanizan el duelo. En el caso de Milagros Samillán, tras sentarse ante la cámara, se dejó llevar, vació su corazón y habló de su hermano Marco Antonio Samillán Sanga (1992‑2023), interno de Medicina y brigadista, quien fue asesinado el 9 de enero de 2023 mientras ayudaba a los heridos en las protestas en Juliaca.

Milagros también habló de la Policía que no respetó que su hermano pertenecía a la brigada de primeros auxilios y que, en el momento en que lo mataron, se encontraba en cuclillas protegiendo a un joven herido cerca del aeropuerto Inca Manco Cápac, llamado al que acudió luego de enterarse de que cerca del aeropuerto había heridos “tirados como animales”. También relató que, en ese instante, la represión se había intensificado y que un helicóptero —parte del despliegue en el entorno del aeropuerto, cuya presencia fue objeto de diligencias fiscales por presuntos ataques a estas aeronaves— efectuó disparos; una de las balas lo abatió, causándole la muerte (relato sostenido en testimonios y registros audiovisuales). Meses más tarde, la Defensoria del Pueblo y las necropsias situaron el patrón general de la jornada como PAF (Proyectil de Arma de Fuego), con munición compatible con dotación policial. 

Si uno acompaña a la Asociación de Mártires y Víctimas del 9 de enero, verá que llevan retratos de sus familiares y también una bandera peruana: este es quizás aún un símbolo que nos insta a construir una patria, pero también representa de manera inevitable el horror y las contradicciones del desprecio, la desigualdad y el olvido. En esa bandera se aprecian orificios de bordes quemados; cicatrices en la tela de las bombas lacrimógenas lanzadas contra el cuerpo. Milagros también habló de esto y de cómo esta bandera —recogida en un hospital— era una de aquellas con las que había llegado envuelto uno de los fallecidos; la persona que la llevaba fue asesinada y su sangre está impregnada en ella. Los protocolos de necropsia y los hallazgos balísticos de la carpeta fiscal confirman la letalidad por proyectiles compatibles con armamento policial en la jornada. Human Right Watch reconstruyó el caso con imágenes y testimonios, y la Defensoria registró oficialmente 17 muertes en la ciudad ese día. La Fiscalía formalizó investigaciones contra PNP y EP por homicidio calificado y lesiones en 2024.

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Durante la presentación Mariano Agudo (Director de fotografía del filme) mencionó que tu participación y colaboración para el documental fueron muy importantes. ¿Me puedes contar cómo fue tu participación en el documental? 

Sí, cuando me dijeron para poder dar mi testimonio, pensé que era una entrevista más. No entendíamos muy bien qué iba a salir de todo esto, era como un sueño que lo veíamos muy lejos. Pude contar lo que pasó con mi hermano, la experiencia que tuve personalmente al ser parte de la brigada también. Acompañé todo el proceso de la filmación del documental. Acompañé el tema del caso del 65, porque mi mamá siempre me contó de esa batalla que hubo en Juliaca, contaba que mi abuela salía a protestar, que mi abuela vio cómo mataban también a sus paisanos. Hay una canción que sale en el documental que hizo una de las cantantes, y ahí nos dimos cuenta que es muy importante el arte. Desde la música, desde la pintura, también se puede protestar. Es muy bonito todo eso, recuerdo esa canción que decía algo de: «Juliaca nunca desmayes». Hasta el día de hoy lo recuerdo, porque me repito en la cabeza que como juliaqueña no puedo desmayar y no puedo olvidar la sangre derramada que hubo en mi pueblo, en mi ciudad desde años atrás.

Uyariy recorre varias líneas de tiempo conectadas al 9 de enero de 2023, y una de ellas es la memoria. La película recuerda que Puno acumula una memoria de represión estatal y otra memoria de resistencia. Se abordan, para quien no los conoce, hechos como Huancho Lima (1923). La “Ciudad de las Nieves”, un proyecto de autogobierno aimara sustentado en escuelas rurales y organización comunal, que denunciaba el gamonalismo, reclamaba la defensa y recuperación de tierras comunitarias y aspiraba a establecer una capital indígena con reconocimiento estatal. El 16 de diciembre de 1923 fue desmantelado mediante una intervención armada con incendios y ejecuciones, recordada como una masacre. El documental también aborda la gesta cívica del 4 de noviembre de 1965 en Juliaca, un paro de 11 días por servicios básicos —agua, desagüe, electricidad, hospital, mercado, camal— y por la descentralización frente a la mala gestión de CORPUNO, reprimida con cinco muertos cuando el pueblo exigía servicios básicos. La memoria de rebelión indígena también se muestra: Rita Poma, como parte de los liderazgos aimaras, y las escuelas rurales nocturnas de Aña Aña‑Huancho (1910–1921). Espacios donde se alfabetizó y se politizó la defensa comunal, hoy reaparecen en las mujeres, jóvenes y brigadistas que sostienen el cuidado y la organización. Una memoria que humaniza el duelo y afirma la dignidad frente a la violencia.

En Uyariy aparecen episodios como Huancho Lima y la represión a comuneros de Huancané. ¿Qué podrías decirme sobre esa persistencia histórica de la represión estatal? 

Bueno, en la región de Puno siempre hemos sido marginados y olvidados; nunca hemos sido atendidos por ningún gobierno. Para lo único que los gobiernos han mirado a la región de Puno es para mirar nuestros minerales, para llevarse nuestros recursos minerales que tenemos. Para atendernos, nunca. En el documental se muestra la historia de estos hechos dolorosos, pero también de resistencia. Mostrando que los puneños, quechuas y aymaras, nunca hemos bajado la cabeza ante ningún gobierno. Al contrario, hemos podido responder con rebeldía y lo vamos a seguir haciendo, porque creemos que los puneños —o provincianos, como nos dicen— somos dignos, más dignos que quienes hoy nos gobiernan.

Lo que me dices es bastante cierto y, como mencionas, creo que se refleja en el documental, mostrándonos una memoria que tiene que ver con las figuras de resistencia, como la de Rita Poma. ¿Qué podrías contarme sobre esas figuras históricas o contemporáneas que a ustedes les inspiran o que les sostienen en esta búsqueda de justicia?

Saber de esas lideresas que entendían que nosotros como peruanos, como personas, tenemos derechos y se nos tiene que respetar y ayudar al prójimo es algo que también nos caracteriza mucho en la región de Puno. Somos un pueblo solidario, luchador. Vamos a ayudar al prójimo como tengamos que ayudar. Si tenemos que entregar nuestra vida, la tendremos que entregar como la entregó Rita Poma. Ella entregó su vida para que no sigan maltratando a los indios, para que esos indios, como ellos nos llamaban, entiendan sus derechos y empiecen a trabajar su tierra como debe ser y no sirviendo a un hacendado que venía a maltratar y robar sus tierras.

También me llamó la atención, algo que se menciona que ha surgido una brigada que lleva el nombre de tu hermano. Esto tal vez como un gesto también de memoria. ¿Qué significado tiene para ti este tipo de gestos que surgen de las agrupaciones civiles? 

Después del 9 de enero se creó una brigada con el nombre de mi hermano. Como familia, como hermana de Marco, se siente bonito que la gente no olvide a los que dieron su vida por su patria. No olviden, como muchos decían, a ese buen samaritano que volteó la cara para ayudar a su prójimo. Una vez más nos recuerda que entre pueblos tenemos que ayudarnos, entre hermanos, quechua, aymaras o demás lenguas que tengamos en nuestro país, tenemos que voltear a ayudar al prójimo y no ser indiferentes. Como Lima a veces nos enseña, la capital nos enseña a ser individualistas, indiferentes, indolentes y en las provincias no, en las provincias siempre tendemos a voltear la cara para apoyar al prójimo. Es bonito saber que se ha creado una brigada con el nombre de Marco para rendir homenaje a un ser que no le importó perder la vida, dejar en dolor a su familia para poder salvar más vidas.

Así como en Espejismo (1972) de Armando Robles Godoy nos preguntamos por quién es el hombre que corre, en Uyariy nos preguntaremos por quién es el hombre que rema. Hay un hombre remando un bote cuya línea de tiempo se intercala en el montaje; una tensión narrativa nos hace seguirlo y preguntarnos por su destino. Casi hacia el final, el bote alcanza una orilla donde se realiza una ceremonia con los deudos. Los vestidos negros y las lágrimas recientes desembocan en un gesto de profundo simbolismo: cada familiar coloca la foto de su ser querido y lo despide en el bote, que retorna al lago, ya que el agua —en la cosmovisión andina— es un espacio de tránsito y memoria.

En el documental vemos una escena, donde colocan fotos de sus familiares en un bote y luego lo devuelven al lago. ¿Qué representa esa escena, o qué representa para ti? Si pudieras explicarme un poco. 

Significa devolver a nuestros hijos a la Pachamama, de donde se supone que vienen, desde nuestra Pachamama, nuestra Madre Tierra, a la que respetamos mucho en nuestra región. Pero también es el dolor, ¿no? Cómo despides a un hijo asesinado, a un esposo asesinado, o a una esposa asesinada. En la región de Puno creemos mucho en las almas y somos muy respetuosos con nuestra Pachamama. Recordamos el día del fallecimiento, los ocho días, el mes, los tres meses, los seis meses, el año, los dos años, el tercer año. Para nosotros son días y fechas importantes en los que recordamos a nuestros seres queridos cómo eran y cómo querían ser recordados. Entonces es una forma de devolver al hijo que te han arrebatado a tu Pachamama, a tu Madre Tierra.

En cuanto, al elemento de la representación y todo «lo que se dice y lo que no se dice» en el documental ¿Tú crees que el documental representa todo lo que quisieras que se aborde el tema? 

En principio creo que se muestra algo muy importante que son los testimonios de los familiares, pienso que quizás se pudieron incluir más testimonios pero imagino que por temas de producción no se pudieron hacer. Hay muchos testimonios y muchos otros casos como de compañeros con 120 perdigones en el cuerpo, otros con fracturas, el cráneo y la mandíbula. También tengo un recuerdo de cuando el pueblo de Juliaca despedía a su gente para que venga a Lima a luchar por justicia.

Me habías comentado de ese recuerdo en la plaza, en donde se hacían las colectas para que las personas vinieran a Lima y como las personas se despedían de ellos.

Sí, son escenas mentales, imágenes reales que guardas muy fuerte en tu memoria, porque tienen mucho significado de la gente organizándose para poder venir a la capital para hacer todos estos reclamos. Porque después de la masacre, la gente se empezó a organizar, empezó la solidaridad del pueblo, empezaron a llegar un sol, dos soles, tres soles. Toda la gente quería ir a Lima a pedir justicia. Mucha de la gente que había viajado a Lima se despedían de su familia como si no fueran a volver. Fue muy doloroso.

Quería que me contaras también, cómo surge la Asociación de Mártires y Víctimas del 9 de enero. ¿Cómo fue su gesta y cómo se dio el primer paso? 

Bueno, nosotros fuimos invitados a una misa el 9 de febrero para recordar el fatídico día. Fue la primera vez que nos conocimos entre dolientes y sobrevivientes en la Iglesia Pueblo de Dios, con el Padre Luis Zambrano, más conocido como Padre Lucho. Ahí empezamos a decir que teníamos que organizarnos. Como nos habíamos juntado entre dolientes y sobrevivientes, llamaron a los representantes de cada familia y ahí se constituyó la asociación. Teníamos claro, cómo se dice, que si queríamos encontrar justicia, teníamos que organizarnos y teníamos que asociarnos.

¿Cuáles son las actividades que realizan desde la asociación? ¿Y cuál es el pliego de reclamos que tienen hasta el día de hoy?

Bueno, hemos trabajado el tema de la memoria en diferentes regiones. Hemos tenido que viajar a todas las regiones que han sido masacradas para acompañarnos psicológica y emocionalmente. Ha sido un trabajo muy fuerte, muy cansado, de mucha resistencia. Se trata de visibilizar cada nombre y cada caso, de poder viajar a la capital dejando nuestros hogares, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros amigos y estudios. Hemos tenido que venir con el miedo de que no nos pase nada, pero también con la esperanza y la fuerza de que nos va a recibir gente que cree en nosotros, gente del pueblo, igual que nosotros. Nos hemos manifestado en Lima, hemos dormido frente al Palacio de Justicia para poder exigir justicia. Lo que queremos es justicia y reparación integral para los sobrevivientes. Es algo básico que el gobierno debería darnos.

¿Cómo va el avance de las investigaciones y las reparaciones para las familias? ¿Podrías comentarnos cuál es el estado actual del caso?

En el caso de Juliaca, estamos en la primera etapa; nos han cambiado siete veces de fiscales y las investigaciones no se han hecho como deberían. En su momento la fiscal Benavides ha puesto muchas trabas a las investigaciones. En algún momento vimos una luz en el camino con la presencia de la doctora Delia Espinosa; era una esperanza para avanzar en esta búsqueda de justicia en nuestro país. Pero, con su retiro y con el intento de desactivar el EFICAVIP (Equipo Especial de Fiscales para casos con víctimas durante las protestas sociales) para nosotros eso es una amenaza, una nueva amenaza de que no vamos a encontrar justicia en nuestro país. (Vale señalar que el EFICAVIP fue desactivado la semana pasada por el Fiscal de la Nación Tomás Gálvez). Aun así, estamos vigilantes y reorganizándonos de nuevo para movilizarnos hacia la capital contra lo que hoy quieren hacer el Fiscal de la Nación y el Congreso en estos últimos meses de gobierno que les quedan.

¿Cómo se ha visto afectada tu vida y tus planes al continuar con las acciones de reclamo y la búsqueda de justicia en Lima?

Bueno, fue un cambio de 180 grados en mi vida, y en la de muchas personas. Tuve que dejar mi ciudad, mi región, mi familia y mis amigos. Perdí amigos, perdí muchas cosas que uno piensa tener en algún momento. Dejé de estudiar; vine con miedo a la capital, sin conocerla, y sufrí discriminación por el color de mi piel y por la forma en que hablo. Fue un proceso muy doloroso, porque muchas veces sentía que iba a desmayar por toda esta lucha que estaba siguiendo. Muchas veces quería dejarlo todo, olvidar que habían asesinado a mi hermano y volver a hacer mi vida como era antes. Quería irme lejos, quería abandonar a mi familia porque tampoco quería regresar a Juliaca: entendía que, si regresaba, era volver a chocar con la realidad de que mi hermano ya no estaba allí.

Pero, en el camino, encontré personas que, cuando me miraban, se inspiraban. Les daba fortaleza y encontraba la solidaridad en ellas. Encontraba ese abrazo, esa mano hermana que a veces uno solo piensa hallar en su familia; la encontraba en la gente. Encontraba ese plato de comida de alguien que no conocía; esa atención, esos oídos dispuestos a escuchar la historia que les contaba. Me encontré con todo ese tipo de personas que fortalecieron mi lucha. Me dije que es momento de dejar de callar y empezar a gritar todo lo que hoy nos está pasando. No me arrepiento de nada. Más bien, siento que es la mejor manera de honrar la memoria de mi hermano.

¿Qué significa para ti el estreno comercial y qué esperas que el público comprenda al ver la película?

Primero, el significado es que nunca —como familiares, y yo, Milagros, en lo personal— pensamos estar en pantallas grandes en esta situación. Para nosotros es un logro saber que más personas van a poder ver la realidad de Puno, de Huancho Lima, y de las masacres que hemos tenido como puneños. Esperamos llegar a muchas conciencias de muchos peruanos, a mucha solidaridad; que las personas entiendan y puedan responder de mejor manera cuando los provincianos venimos a Lima. No es para molestarlos: venimos porque nos están fallando en las provincias. Hay un gobierno ausente en nuestras provincias, en nuestras regiones. Por eso venimos: no venimos a Lima porque tenemos plata o tenemos tiempo; venimos porque queremos que ese gobierno nos atienda, que el gobierno de todos nos atienda.

¿Cómo vive tu organización estos ya tres años que han pasado y qué acciones están preparando para conmemorar la fecha? 

Sí, seguimos con el dolor latente, con las heridas abiertas. Ya son tres años, pero el dolor sigue como si fuera aquel 9 de enero de 2023. Hoy nos estamos preparando para recordar ese día fatídico que vivimos en Juliaca: desde el 7 de enero prepararemos muestras fotográficas, donde se mostrarán a los sobrevivientes y las luchas que hemos emprendido en los distintos lugares a los que hemos viajado. El 8 tendremos la participación de compañeros, poetas y artistas, y de todos los que se quieran sumar a esta lucha que hemos emprendido los familiares. El 9, día central, empezaremos con una misa en Pueblo de Dios; luego realizaremos una marcha pacífica por las vías principales de Juliaca, que terminará en un acto cultural en la Plaza de Armas de Juliaca, en memoria de los que ya no están y de nuestros sobrevivientes. Así nos venimos organizando: a tres años de injusticia; a tres años de impunidad; a tres años de seguir siendo golpeados, una y otra vez, por este gobierno; por los congresistas y por el presidente del Congreso; y, de la misma manera, por el nuevo títere de este gobierno, que es el señor Jerí.

¿Tú crees que el cine puede ayudar a que la memoria y la justicia avancen en nuestro país?

Efectivamente sí, el cine y todo arte suman al igual que las luchas. No solo es salir a las calles ni solo salir a gritar, y el cine es una herramienta fundamental, porque sin este tipo de testimonios nadie creería lo que pasó en Andahuaylas, en Ayacucho; y se seguiría—como yo digo— mancillando la memoria de las víctimas abatidas durante la represión o la violencia. Para mí es importante porque te muestra la verdad desde los testimonios de los familiares. 

En Uyariy , las víctimas abatidas durante el estallido de Juliaca tienen nombre y rostro; tienen también familias que aún las lloran. A quienes nos leen, les pedimos unos minutos para leer y recordar los nombres de las 18 personas asesinadas en Puno el 9 de enero de 2023. Junto a cada nombre se consignará la razón de sus decesos. Recordemos cada uno de sus nombres, dicen que una persona muere cuando se deja de hablar de ella; y al nombrarlas, seguirán de alguna manera presentes entre nosotros: Marco Antonio Samillán Sanga (29), abatido por proyectil de arma de fuego mientras auxiliaba heridos; Jhamileth (Yamilet) Nataly Aroquipa Hancco (17), asesinada por disparo de arma de fuego: un impacto mortal cuando transitaba cerca del aeropuerto; Nelson Huber Pilco Condori (21–22), abatido por proyectil de arma de fuego; Edgar Jorge Huaranca Choquehuanca (22), abatido por proyectil de arma de fuego; Marcos Quispe Quispe (54), asesinado por disparo de arma de fuego: herida que perforó el tórax y el codo; Paul Franklin Mamani Apaza (20), abatido por proyectil de arma de fuego en la esquina de Moquegua y Ramón Castilla; Heliot Cristhian Arizaca Luque (18), abatido por proyectil de arma de fuego, entrada a la altura del cuello y salida por la espalda; Roger Rolando Cayo Sacaca (22), asesinado por disparo de arma de fuego: el proyectil ingresó por el ojo y se alojó en el encéfalo; Gabriel Omar López Amanqui (35), impacto de perdigón de escopeta en la cabeza; Eberth (Everth) Mamani Arqui (40), abatido por proyectil de arma de fuego, caído en el sector de San Román y Bolívar; Elmer Zolano Leonardo Huanca (16), abatido por proyectil de arma de fuego (7.62 mm, AKM): impacto torácico que perforó pulmón y diafragma; Ghiovanny (Giovanni) Gustavo Illanes Ramos (21), asesinado por disparos de arma de fuego: dos balas por la espalda, según testimonio familiar; Héctor Quilla Mamani (38), abatido por proyectil de arma de fuego en la zona de Moquegua y Ramón Castilla; Rubén Fernando Mamani Muchica (53), asesinado por disparo de arma de fuego: una bala de largo alcance, según sus deudos; Cristian Armando Mamani Hancco (22), abatido por proyectil de arma de fuego; Reynaldo Ilaquita Cruz (19), abatido por proyectil de arma de fuego; Eder Jesús Mamani Luque (37), abatido por proyectil de arma de fuego. Son vidas truncadas que el país debe nombrar y recordar, con sus circunstancias precisas y sin eufemismos, porque cada detalle de cómo murieron ayuda a reconstruir la verdad de una jornada de fuego.

¿Hay algo más que te gustaría agregar, Milagros? 

Sí, estamos en tiempos oscuros para quienes luchamos por los derechos humanos, en tiempos inciertos. Nos queda la organización y la unidad; tenemos el deber político de elegir a quienes, al menos, representen una parte del pueblo que hoy clama justicia. No solo hablo por los familiares, sino también por los niños que no tienen una educación adecuada, por quienes no tienen una salud como debe ser, por las personas que migran internamente desde las provincias hacia la capital con la esperanza de un mejor futuro, pero se encuentran con una realidad distinta: no tienen vivienda adecuada, no tienen carreteras adecuadas. Hay un gobierno que no está asesinando solamente con armas; con todas las ausencias que hoy tenemos se están asesinando personas con la inseguridad, la falta de educación, la falta de salud. Hablo por esas vocecitas que no pueden salir de sus provincias ni de sus escuelas y que quieren decirle a este gobierno: “Estamos aquí; atiéndanos. Dejen de vivir de nosotros y empiecen a trabajar”. Yo espero que Lima pueda entender que Lima no es el Perú. Somos regiones, de quechuas, aimaras y demás etnias; somos un país plurinacional, un país diverso que necesita ser atendido. No nos pueden mirar con otros ojos.

En efecto, el escenario no favorece la percepción de que la justicia esté avanzando en el país. En octubre de 2025, Fernando Rospigliosi, presidente encargado del Congreso, presentó un proyecto de ley que modificaría el artículo 20 del Código Penal para eximir de responsabilidad penal a miembros de la PNP y las FF. AA. que hieran o maten civiles durante protestas sociales, con una disposición transitoria que alcanzaría hechos de 2022 y 2023 (como Ayacucho y Juliaca), y que él justifica al calificar de “persecución política” las investigaciones contra más de 1.300 agentes. Además, ha respaldado la desactivación de equipos especiales del Ministerio Público y ha pedido cerrar unidades como EFICAVIP, que investigan el uso de la fuerza en las protestas.

En paralelo, el fiscal de la Nación interino, Tomás Gálvez, anunció la desactivación de Equipos Especiales (incluido EFICAVIP), decisión que debilita las pesquisas sobre las muertes en Puno y otras regiones.

Mientras tanto, los familiares de las víctimas seguirán viajando a Lima para manifestarse ante el Ejecutivo y el sistema de justicia. Nos preguntamos si ‘escuchar’ —uyariy, en quechua— no es hoy más necesario que nunca. Con su llegada a las salas comerciales, Uyariy quizá convierta la sala de cine en un espacio cívico de escucha. Y el espectador no solo verá una película: escuchará nombres, historias y heridas sin eufemismos; conversará al salir; compartirá información verificada; y acompañará las memorias que se narran y los procesos de justicia que aún siguen abiertos.