Jarana Crítica: Trump, América, la doctrina Monroe y el destino manifiesto

Oswaldo Calle Talavera. Analista Político

Hace un tiempo y antes de la intervención de Trump a Venezuela, se estaba hablando de unos términos que, el común de los consumidores de las noticias, no entendía y que nos ayudarían a comprender el pensamiento “americano”.

Los Estados Unidos De América, utiliza el término “americano” por el nombre del continente, cuando el cartógrafo Alemán Martin Waldsemuller, puso nombre en su mapa a las tierras del “nuevo mundo” en honor al explorador Américo Vespucio. Posterior a esto, las colonias británicas se revelaron y surgió la necesidad de dar un nombre nuevo al país. 

“Americano”, es un Término geográfico y político. Los británicos se referían a sus enemigos como “americanos”; además, en la lengua inglesa no se cuenta con el término “estadounidense”.

El papel protagónico en el mundo de Estados Unidos según su doctrina no es por merecimiento, es por un mandato que viene desde fuerzas divinas y un destino que se debe cumplir porque así está escrito, según sus defensores.

Surge “El Destino Manifiesto”, una doctrina que es citada por Donald Trump en su discurso de asunción de mando. Esta doctrina nos dice que los Estados Unidos fueron elegidos por Dios, por la providencia divina, para expandirse sobre otros territorios, llevando consigo sus ideales y valores. La idea de predestinación mandaba y señalaba que era el pueblo elegido por Dios.

Trump, es un creyente de esta doctrina, cree en la predestinación y es seguidor del presidente Andrew Jackson, que expulsó a los nativos de sus tierras, logrando así la expansión.

El periodista John O’Sullivan, en 1845 publica por primera vez el concepto de “Destino Manifiesto”, sustentando que la providencia (Dios) había destinado la expansión de Estados Unidos.

Años antes en 1823, cuando en el Perú se estaba consolidando la independencia y Bolívar llegaba al país invitado por el Congreso, el mismo año que se promulga la primera constitución peruana; en Estados Unidos, surgía la “Doctrina Monroe”, que el presidente James Monroe defendió. Esta doctrina señalaba que Estados Unidos impediría el colonialismo de Europa en América y se basaba en la frase “América, para los americanos”.

La Doctrina Monroe, decía que cualquier intervención de Europa en el continente americano será considerada una agresión directa a Estados Unidos y merecía una respuesta rápida.    

Esta doctrina se va deformando y en el año 1880 el presidente Rutherford le agregó a la Doctrina Monroe que los Estados Unidos deberían controlar cualquier canal interoceánico que se construyese en el continente. En 1904 el presidente Roossevelt, añade a la doctrina que los Estados Unidos tenían derecho a intervenir en los países americanos, reordenarlos y resguardar los intereses de las empresas estadounidenses que estaban en esas naciones. 

La tradición estadounidense, su hegemonía y propósito expansionista viene desde hace más de 200 años. Sus gobernantes, más moderados o no, tienen la convicción que lo que EE.UU. hace o deja de hacer, es decisivo para el futuro de la humanidad. Es importante el entendimiento de la historia y tradición para un mejor análisis. La creencia está presente e internalizada en demócratas y republicanos , como lo hizo Kamala Harris en su campaña en 2024 y como también lo señalo Trump, firmando un decreto para rebautizar el Golfo de México, por el de Golfo de Estados Unidos, llamando al canal de Panamá, Canal de Estado Unidos, proponiendo que Canadá sea el estado 51, sugiriendo tomar el control de Gaza y la reubicación de los palestinos en otros países y señalando querer tener el control de Groenlandia, lo cual ha sido reafirmado en los últimos día; le sumamos a esto la intervención a Venezuela y la consiguiente administración de sus recursos naturales. Estados Unidos cree estar haciendo las cosas bien y contar con la licencia divina.

Hoy el departamento de justicia de EE.UU. ha eliminado el señalamiento a Nicolás Maduro como líder de Cártel De Los Soles, al que ahora no señala como líder de una organización de narcotráfico. Entendiendo que los más de 5 meses que las fuerzas armadas estadounidenses estuvieron en el mar caribeño, el discurso oficial de Trump fue el narcotráfico y este el motivo principal de la intervención y captura, ingresando a Venezuela en una operación con muertes humanas y con el cartel de la salvación de la dictadura y de la libertad del pueblo venezolano. 

Trump no sólo se mueve en ilegalidad en sus actos en afectación de soberanía, tiene el apoyo de una rancia tradición americana, un conservadurismo del que no desea salir.

La información que hoy nos abunda no es siempre verdadera, las potencias controlan las editoriales según su interés y si abrimos internet en Lima, no es lo mismo que en San Petersburgo o que en Pekín. La polarización en el mundo aumenta y parece que estamos prohibidos de señalar a un dictador y a la vez a un presidente de cometer irregularidades.

La historia juzgará al líder que obre con valores democráticos en bien de su país, pero con observancia al derecho internacional. Las cartas magnas de Estados Unidos, Perú, Venezuela y de todo el continente, hablan de la preeminencia de los derechos humanos, libertad, democracia, justicia, paz e igualdad. Todos valores que los pueblos y sus representantes dicen cumplir, pero que en el mundo de hoy la realidad los cuestiona.