Editorial: El imperialismo autoritario

Nicolas Maduro es uno de los mayores dictadores y autoritarios de Latinoamérica y del mundo. Gracias a su nefasto «gobierno» millones de hermanos venezolanos decidieron dejar su país para echar raíces en otras naciones, con Perú como uno de los destinos favoritos. Y tarde o temprano ese régimen tendría que haber caído. Eso queda claro y no debería haber mayor discusión.

Sin embargo, lo que el gobierno de los Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza, realizó la madrugada del sábado es una afrenta a la soberanía del pueblo venezolano y de todas las naciones de Latinoamérica.

Seguramente la mayoría de hermanos venezolanos puedan estar felices de que el régimen de Maduro haya terminado, pero deben darse cuenta que la intromisión de los Estados Unidos no es para recuperar la democracia. El régimen venezolano ahora ha pasado a manos de Delcy Rodríguez, la segunda al mando luego de Maduro. Y lo que es peor, Donald Trump está negociando con ella para que Venezuela entregue el control de los recursos naturales a los Estados Unidos; con el petróleo en primer plano.

La intervención de «los gringos» no es casualidad. Justamente el viernes el gobierno de Maduro se había reunido con representantes chinos para negociar el comercio de petroleo. Entendiendo que Venezuela es el país con mayores reservas de crudo en el mundo, más incluso que los jeques de Medio Oriente, la movida de Estados Unidos calza muy bien con sus propios intereses de controlar recursos estratégicos.

¿Qué pasará si Delcy Rodríguez no cede ante las exigencias de Trump? Seguramente debemos esperar un ataque masivo de los Estados Unidos contra el pueblo venezolano. Y allí no solo morirán los militares.

Debe quedar claro que al gobierno de Trump no le interesa la democracia. Para ellos es lo de menos quién gobierne —sean cual fuera el país— mientras esa élite le rinda pleitesía y le entregue todo lo que tiene, pagando lo mínimo o, si fuera posible, nada.

Si bien es cierto podemos festejar que Maduro ya no está liderando el régimen, el gobierno autoritario sigue caminando con los otros hombres y mujeres que lo secundaban. Poco ha cambiado en Venezuela. Pero no deberíamos esperar que los Estados Unidos ingresen con tropas a «recuperar» el país, sino que el propio pueblo venezolano, los demócratas y la sociedad civil libre, debería aprovechar este momento para derrocar de una vez por todas al régimen.

Si dejan que Estados Unidos y Trump se encarguen de todo, entonces el futuro para Venezuela será el de un simple pozo de petroleo que le entrega sus recursos.

Y no solo lo decimos nosotros. Medios como el New York Times advierten que la movida contra Maduro es solo el primer paso del gobierno de Donald Trump para recuperar la hegemonía en los países de Latinoamérica. En cualquier momento, cuando se vea algo de inestabilidad —que es constante en nuestros países— Trump se sentirá con derecho a intervenir y «recuperar» la calma. Pero ya sabemos que el fin es controlar nuestros recursos estratégicos.

Y lo que es peor, es que Estados Unidos ha dado un mal ejemplo para el resto de potencias. Con esto China podría invadir Taiwan con todas sus fuerzas desplegadas o Rusia aplicar más fuerza aún para terminar de partir a Ucrania, y nadie podría decir nada, porque: ¿si los gringos ya lo hicieron, porqué no el resto? Lo que nos deja totalmente indefensos ante cualquiera que desee nuestros recursos.

En tanto, la ONU debería poner el ejemplo, tomar acciones más concretas contra el gobierno de Trump y detener lo que a toda vista se vislumbra como un posible nuevo conflicto mundial.