Por Jorge Luis Quispe Huamaní
Me parece que no se ha repetido lo suficiente, desde mañana el tránsito vehicular en el cercado de nuestra ciudad constituirá una auténtica odisea. A saber, las ocho cuadras de subida de la calle Juan de la Torre desde Villalba hasta Peral estarán restringidas al tránsito, en el mejor de los casos, por treinta días y luego otros treinta días el carril de bajada. La calle Álvarez Thomas desde el colegio militar hasta el cruce con la calle Juan de la Torre estará cerrada por 45 días. Y como si no fuera suficiente caos la avenida Lambramani estará cerrada por un mes desde la avenida Venezuela hasta Los Incas. De manera que a los desventurados choferes de cualquier carro solo les queda meterse a donde ya hay tráfico todos los días, Peral y Ayacucho. Cualquier cristiano que camine por el centro sabe de sobra que esa vía es imposible, sin embargo, para la autoridad provincial nunca es suficiente desorden, ya que su desvío va precisamente para esa única, tugurizada y estrecha calle. Para la incompetencia parece no haber límites en la municipalidad de Arequipa, eso es lo que entiende quien mira con un poco de detenimiento estos desvíos triplicados. No hay mejor idea ni basta con una sola intervención sino que tienen que ser tres, dos de ellas en un cruce clave para el centro en Juan de la Torre y Álvarez Thomas. Hagamos un recuento, en el bypass de la avenida Lambramani con los Incas puedo recordar como mínimo diez accidentes de moto, solo de moto. No se me escapa que en esta época de lluvias la intersección de la avenida Venezuela con Lambramani se inunda, se forma primero un pequeño lago, después un río en el que incluso no pocos autos se han quedado varados. Esto lo sabemos todos, o casi todos. Porque para el municipio provincial la solución es aumentar la cantidad de inspectores de tránsito y arreglar los semáforos. Los inspectores de tránsito nunca están donde deben estar, además de que lo único que inspeccionan son sus celulares, y aparecen pasada las nueve de la mañana, esto nadie me lo ha contado, yo lo he visto y reportado cuando al anterior gerente de transportes se le dio por bloquear el paso de Juan de la Torre a Villalba colocando barreras de plástico, situación por supuesto que nadie respetaba, choferes y cobradores por igual se tomaban el tiempo para cargarlos y sacarlos de camino. Los semáforos del centro han pasado a ser objetos casi vintage de una extravagancia nostálgica que no solo no respetan, sino que no funcionan las veinticuatro horas del sacrosanto día. Teniendo en cuenta el tiempo adverso, los semáforos inoperativos, el nulo respeto por la ley, los consiguientes accidentes y la esquizofrenia imperante del tránsito en la mañana, uno no puede por menos que preguntarse cuáles son los misteriosos criterios que han entusiasmado a los funcionarios de la municipalidad provincial para emprender estos trabajos precisamente en esta primera parte del año. Si me permiten, yo creo más bien advertir una dosis de desesperación por el último año de desgobierno, la última oportunidad, como el irresponsable y pendenciero estudiante que intenta hacer su tarea cuando ya están pasando lista y hace cualquier cosa antes de que sea su turno o en este caso, acabe su tiempo. No me digan que esto no se pudo hacer antes, tres años antes; no se mofen del criterio de la población. Pero más importante que eso, harían bien en dejar de demostrar la hostilidad o la manía contra la población, porque ejecutar tres intervenciones en simultáneo, en el centro, no se puede entender de otra manera.




