El mundo despidió el 2025 y dio la bienvenida al 2026 de manera gradual, con celebraciones multitudinarias en varias capitales y, al mismo tiempo, con gestos de recogimiento marcados por conflictos, tragedias recientes y tensiones políticas aún abiertas. Las imágenes de fuegos artificiales sobre el Reichstag, la Puerta de Brandeburgo o el puerto de Sídney sintetizaron un cambio de calendario atravesado por contrastes.
El cierre del año estuvo condicionado por un contexto internacional complejo. El 2025 fue señalado como uno de los más calurosos de la historia reciente y estuvo marcado por conflictos armados como los de Gaza y Ucrania. En su mensaje de fin de año, el presidente ruso Vladimir Putin volvió a reivindicar el papel de las fuerzas militares en la guerra iniciada hace casi cuatro años, mientras que el mandatario ucraniano Volodímir Zelenski sostuvo que su país se encuentra cerca de un acuerdo para poner fin a los combates.
En Australia, Sídney mantuvo su tradicional espectáculo pirotécnico, aunque la jornada estuvo precedida por un minuto de silencio en memoria de las víctimas de un ataque ocurrido semanas antes. En Hong Kong, en cambio, los fuegos artificiales fueron cancelados como señal de duelo por un incendio que dejó más de un centenar de fallecidos. En Europa, París, Londres y Edimburgo congregaron a miles de personas en espacios públicos para recibir el nuevo año.
América Latina también combinó festejos con preocupaciones estructurales. En Ecuador, el cierre del 2025 estuvo marcado por un nuevo récord de homicidios asociados a la violencia criminal. En México, la tradicional verbena de Año Nuevo se realizó en un contexto de inquietud económica, mientras que en Argentina el inicio de 2026 estuvo acompañado por la expectativa en torno al Mundial de Fútbol que se disputará en Norteamérica.
Más allá de las celebraciones, la agenda global del nuevo año aparece atravesada por múltiples frentes. El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, los frágiles equilibrios en Medio Oriente, las tensiones migratorias y la economía internacional conviven con expectativas deportivas y científicas, como las misiones espaciales previstas hacia la Luna. Así, el 2026 comienza con una mezcla de esperanza, incertidumbre y desafíos aún abiertos.




