Los Reyes Magos, más mito que monarquía

Cada enero, la historia se repite entre regalos y expectativas. Pero detrás de la escena entrañable de los Reyes Magos, la Biblia guarda más silencios que certezas. Una investigación reciente revisa los textos y tradiciones para replantear quiénes fueron realmente esos visitantes de Oriente que siguieron una estrella hasta el nacimiento de Jesús.

El punto de partida está en el Evangelio de Mateo, el único que menciona a los llamados “magos”. Allí no aparecen nombres, títulos reales ni un número definido. Tampoco se afirma que fueran reyes. La idea de que eran tres surge únicamente por las ofrendas entregadas: oro, incienso y mirra. Todo lo demás, incluidos los nombres con los que hoy se los conoce, se incorporó siglos después a través de relatos y tradiciones cristianas.

Los supuestos Melkon, Kaspar y Baltasar aparecen recién en un texto armenio del siglo V. Antes de eso, los evangelios guardan silencio. El investigador Bryan Windle explica que el término “mago” pudo haber tenido un sentido étnico o religioso, más que mágico o monárquico. En su origen, habría aludido a una orden de sacerdotes persas vinculados al saber, la astrología y la observación de los cielos.

Las hipótesis más recientes los sitúan en territorios del antiguo Oriente Medio bajo dominio parto, como Persia o la región de Nabatea. Esta última cobra fuerza por varios indicios: los nabateos eran grandes viajeros, conocían la astrología y comerciaban con incienso y mirra. Además, la madre del rey Herodes era nabatea. Lejos de coronas y palacios, los Reyes Magos habrían sido sabios itinerantes. Figuras históricas transformadas por el tiempo en símbolo, tradición y relato universal.