La Pontezuela: Los mismos problemas

Por Sergio E. Mostajo C. Periodista

Hoy que reaparece la amenaza de una epidemia a causa de la llamada super gripe H3N2, podemos decir con propiedad que no ha pasado mucho tiempo para decir que por eso olvidamos las recomendaciones que nos daban para evitar contraer el COVID19. No, no ha pasado tanto tiempo para justificar las inconductas actuales que, sinceramente, lindan con lo absurdo.

Vemos y lo sufrimos todos los días y a toda hora: gente que sube a un vehículo de transporte urbano, interurbano, avión o cualquier otro y empieza a toser o estornudar a boca y nariz abierta, sin ninguna consideración a quienes viajamos con ellos, niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Para abordar ya no se exige el uso de mascarillas, menos el certificado de vacunación. Es más, los conductores o tripulantes no les dicen nada, les temen. Ergo, la cabina se convierte en un excelente caldo de cultivo y contagio, el virus tiene carta abierta para expandirse, como efectivamente sucede.

Ocurre lo mismo en cuanto lugar público hay: colegios, universidades, bancos, plataformas de servicios, gimnasios, tiendas, mercados, cines y demás. Las personas enfermas se desplazan por todos esos escenarios, tosiendo, estornudando o respirándonos en la nuca, sin ningún remordimiento.

Empero, lo peor viene ahora. Leí con estupor e indignación que no hay vacunas contra la influenza, las pocas que había se han agotado. Las autoridades del sector salud lo admiten sin rubor alguno, como gran consuelo afirman que lotes nuevos llegaran dentro de ¡dos meses¡ Siiii, así como lo lee.

En la pandemia ocurrió lo mismo y cada año es así: no hay planes de prevención, no se anticipan a la ola de contagios, no nos protegen contra este y otros virus, siempre actúan con sentido reactivo, nunca o, casi nunca, con sentido proactivo.

No lo veo difícil, menos imposible, la prevalencia de las enfermedades es cíclica, van de la mano con las estaciones y en nuestra región los finales e inicios de estas son muy marcados.

Ahora tenemos a miles de seres humanos en la incertidumbre. El miedo ha reaparecido, se ha instalado en nuestros hogares, la nochebuena esta cerquita, la nochevieja también. Seguro que nos reuniremos con nuestros seres queridos implorando a Dios por no revivir los difíciles momentos de la pandemia.

Igual hago una modesta recomendación: si estamos contagiados no diseminemos el virus entre nuestra familia. Si la amamos, mantengámonos al margen, hasta sanar para un reencuentro feliz.