Por Augusto Santillana. Analista político
El populismo nos empobrece en todo ámbito como país, pues responde más a una decisión política que técnica. Y el daño a la economía es mayor cuando se trata de un producto que tiene incidencia en todo el aparato productivo y de servicios, como son los subsidios a la energía de un país: los combustibles. La carga financiera a las arcas del Estado es mayor y no tiene directa relevancia social en el crecimiento sostenido de los sectores más vulnerables y solo pasa a beneficiar a solo unos cuantos que le dan un mal destino al hecho de contar con políticas subsidiarias mal enfocadas.
Además de ello, el populismo, desmotiva, aletarga, procastina a la población. Pues, lo hace menos competitivos, menos innovadores y menos retadores ante la vida. Ya que los subsidios al ser una medida inmediatista, muchas veces les “para la olla”; a otros, “les arregla la vida”. Y, todo a costa del erario público. Otorgar subsidios es un arma de doble filo. Puede ver un efecto favorable en el corto plazo pero en el largo plazo es muy negativo para la economía en general. De ellos, el llamado subsidio generalizado, como el otorgado a los combustibles, es más perjudicial y propenso a ser distorsionado, pues se busca beneficiar a toda la población sin distinción económica que no necesariamente requieren de una ayuda estatal. Por ello, los economistas recomiendan otorgar subsidios focalizados a sectores específicos de la población más vulnerable que signifique un retorno más efectivo para generar un cambio beneficioso en la vida de esas personas.
Hace poco, vimos a través de los medios de comunicación que nuestro hermano país Bolivia, estaba viviendo una crisis por la escasez de los combustibles. No había gasolina ni diésel. Su moneda se había devaluado considerablemente frente al dólar y frente al sol peruano. Todo por sostener una economía estatal que siga asumiendo los pasivos que conlleva una política asistencialista basada en los subsidios a los combustibles a toda la población. Instalado el nuevo gobierno, ha dado un giro a la política económica y ha dictado una serie de medidas. Entre ellas, la eliminación del subsidio estatal a los combustibles. Considero que era una medida necesaria y urgente pues, representa un ahorro entre siete a diez millones de dólares diarios al Estado. Costo que debe ser asumido ahora por la población.
No obstante la magnitud de tal decisión, la mayoría de la población boliviana se ha mostrado a favor del gobierno y vienen mostrando su rechazo a las paralizaciones dispuestas por los sindicatos organizados que están en contra de tal medida. Pues, se han dado cuenta, que una de las causas de la permanente crisis económica que atraviesan es por las medidas populistas dadas por sus gobiernos y que es hora de sincerar con crudeza su economía. Bolivia está en su hora cero.
Hemos visto muchas experiencias de países de la región que establecieron como forma de gobierno otorgar subsidios solo con un afán de ganarse políticamente a la población. Aprovechándose de una necesidad de la población para ser direccionados a sus intereses de grupo o de ideología. En otros casos, hay subsidios de larga data que ya no son necesarios al momento actual por haber mejorado las condiciones de vida de la población beneficiaria. Por ejemplo en el Perú, el programa social del “Vaso de Leche”, la mayoría de la población antes necesitada, hoy, ya no requiere del apoyo estatal y las municipalidades muchas veces están a la “caza” de nuevos beneficiarios solo para cumplir la meta y no devolver los recursos al Tesoro Público.
Hay otros programas que si vienen mostrando sus beneficios: BECA 18, CUNA MAS, COAR, Pensión 65, SIS, Comedores Populares y muchos otros. Pero deben ser permanentemente revisados, sino ocurre lo de QALI WARMA. El problema es que si no se evalúa continuamente bajo estándares internacionales a la población objetivo, el impacto social del beneficio estatal y el gasto público que ello representa; muchas veces estamos malgastando recursos públicos sin conseguir los resultados esperados por carecer de un objetivo definido. Debemos ser muy responsables en el gasto público.




