Por Jorge Luis Quispe Huamaní
Cecilia Méndez ha presentado en ocasión del XVII Festival del Libro de Arequipa, su último libro: “Violencias Fundacionales. Ensayos sobre racismo, guerra y política en el Perú». Donde cuestiona el pasado a través de ocho ensayos que recogen las incertidumbres desde la dictadura fujimorista hasta la elección del expresidente Pedro Castillo. Una paradoja recorre sus páginas: el Perú se ha fundado gracias al trabajo y los recursos de sus poblaciones indígenas y campesinas, pero las excluye de la vida social u política.
Quisiera comenzar preguntándole por el hilo conductor de los ensayos, que están aquí, de los últimos 30 años, ¿cuál es el patrón o patrones comunes que usted ha podido advertir?
Yo podría responder esa pregunta en dos niveles. Una a través de la metodología, el enfoque hacia la historia, hacia el pasado, y todos los artículos y ensayos, que son ocho, que escribí en los últimos 30 años, o poco más, tienen la característica de dialogar con el presente, tienen la característica de plantear preguntas de ese momento particular, del presente en que yo escribí en los ensayos, y cómo el pasado nos ayuda a comprender ese presente.
Eso sería en el aspecto metodológico, que todos estos ensayos dialogan. No solo con un presente político del momento, presente social, sino también con la historia que se producía en el momento, con la historia que yo hago en cada ensayo como constantes diálogos y debates con lo que estaba escribiendo, más bien silenciando sobre ciertos temas. Entonces, hay varios presentes, cada ensayo tiene un presente. Por ejemplo, en Casi indios, lo escribía principios de fujimorato, y el último en el contexto de Pedro Castillo, se publicó en el 2021, pero en el contexto llamado Bicentenario, es un artículo que se llama “Los senderos del terrorismo en el Perú”.
Y entonces, metodológicamente es eso, en términos de la temática. El núcleo es la presencia y la participación de las poblaciones rurales del Perú, poblaciones campesinas en la construcción del Estado peruano, y, en general, su presencia política. Pero también, la interrelación con las elites del país y también la perspectiva de ciertas élites o discursos dominantes sobre estas poblaciones.
El ensayo que da nombre al libro tiene una cita de Paul Ricoeu: “Lo que celebramos con el nombre de acontecimientos fundadores, son en los esencial, actos violentos legitimados después por un Estado de derecho precario. Los mismos acontecimientos significan, para unos, gloria, y para otros, humillación…
Paul Ricoeur, es un autor francés, psicoanalista. Ese artículo tiene que ver con cómo se procesa en la escritura, pero también en la socioescritura de la historia y de la sociedad los acontecimientos violentos; cuáles violencias se recuerdan más y cuales se olvidan. Y a propósito de la historia peruana, uno de los ejes importantes es la rebelión de Túpac Amaru, pero no solo esa, sino también de las rebeliones de la independencia, como la rebelión del Cusco, Pumacahua y los hermanos Ángulo. Y lo que trato de hacer es hurgar en el dialogar con estas teorías que afirman la cita de Ricoeur, que todas las naciones políticas se fundan en las violencias. Y luego para que exista la comunidad nacional, como un ideal, esas violencias se olvidan o se tienen que olvidar de acuerdo a la otra cita que es de otro autor francés, llamado Ernesto Renan, que escribió un famoso ensayo que se llama “Qué es la nación” en 1880.
Existe una teoría o filosofía política que habla de que las comunidades políticas se fundan en una violencia. En realidad lo que yo digo es que trato de entender como en el Perú los discursos dominantes no han olvidado las violencias que atribuyen a los llamados indios, y esas son las que más se recuerdan. Y hay una cierta relación, después de Túpac Amaru entre el concepto de indio y violencia, se refuerza esa idea que los indios son violentos por causa de las rebeliones.
Pero no se llega nunca a olvidar, lo que se hace es silenciar, se pone debajo de la alfombra cosas que luego salen de otras maneras. Entonces no nos llegamos realmente a curar de ciertas memorias de violencia, pero no se recuerda tanto la violencia de arriba. En el discurso dominante siempre ve a la gente de abajo como la gente violenta, especialmente lo asocia a una condición étnica.
No falta quien pueda advertir alguna similitud con la consigna de que la violencia es la partera de la historia, hay una idea marxista tal vez…
En eso no creo, porque cuando Marx dice que la violencia es la partera de historia, él no se refiere a la revolución, se refiere al capitalismo. O sea se ha malentendido. Desde el mismo Mao, que se pone esto de la violencia como partera de la historia, como si Marx estuviera hablando de la violencia revolucionaria. Pero si tu lees la parte del capital donde dice eso, él está hablando del propio capitalismo, y está hablando de la violencia represiva, no de la violencia revolucionaria. Porque él asume la violencia revolucionaria como una cosa defensiva, frente a la violencia capitalista. Entonces, él creía que el capitalismo tenía al final, que cuando el capitalismo evolucionara, iba inevitablemente llegar el socialismo. Y el socialismo para él era una forma de organizar la economía profundamente violenta. Entonces, no es esa la vinculación, es más con la filosofía política que se ha discutido sobre que los Estados y naciones se fundan en la violencia. Tiene esa otra vertiente más filosófica y psicoanalítica. Podríamos hablar más de eso, pero no quiero confundir a la gente.
Se puede llegar a formar una idea de Nación o Estado mediante la razón y no la violencia, ¿en el Perú cómo lo ve usted?
Por su puesto que se puede. No se ve en la actualidad, pero eso no quiere decir que haya que tirar la toalla. No solo se puede, se debería, este es un mal momento en el mundo y vemos cada vez más violencia. Eso es lo trágico.
Quisiera hablar de otro de los ensayos, “Incas si e indios no”, ¿qué temas aborda, a qué se refiere?
Quizá yo quiera dar un contexto de porqué lo escribí. Ese ensayo surge a comienzos de los 90, cuando uno de los historiadores más importantes del Perú era Alberto Flores Galindo, y acababa de morir en el 90. Fui muy cercana, él hizo varias versiones de este libro que se llama “La Utopía Andina”, y yo me daba cuenta. Era un escritor brillante, era pensador, historiador muy influyente, pero había algo que no me convencía de la Teoría de la Utopía Andina. Cuando Tito Flores y otros que abrazaban esta idea de la Utopía Andina, de alguna manera para reemplazar la idea de la revolución que se estaba cayendo a pedazos. Tito (Flores Galindo) permaneció con una idea que todavía debamos creer en el socialismo, pero ya estaba llevando esto a unas regiones más de buscar esa identidad para el Perú que tuviera sus raíces en la sociedad andina, o lo que se entienda por eso.
Entonces, qué pasaba, que cuando había alusión a la memoria de los incas o a la sociedad incaica y cómo se ha recreado a través del tiempo, de varios momentos, pensadores, escritores, revoluciones, a través de los 500 años de la historia del Perú. Yo me he dado cuenta en algún momento que los incas al fin de cuentas eran una élite, y que no necesariamente los indios eran tan apreciados como los incas. Dentro de los escritores criollos que yo conocí cuando empecé a estudiar sobre el siglo XIX. Era un siglo poco estudiado en esa época a nivel de política y sociedad, entonces yo estaba buscando otras historias en los periódicos del siglo XIX.
Yo buscaba los siquichanos, buscaba los campesinos de Huanta que se sublevaron contra el rey, y no encontraba. Pero encontraba abundantes referencias a los incas gloriosos del Perú, a comienzos de la independencia. Lo que Basadre llamaba un incaismo como que el Perú tenía que inventarse una nueva identidad que rompiera con España, y esos eran los incas. Entonces en el siglo XIX había muchos discursos que el Perú era república. Pero al mismo tiempo los que hablaban de que el Perú era la tierra de los incas – como Felipe Pardo y Aliaga – tenía una poesía satírica brutal totalmente racista contra quienes ellos asumían como indios. Eso fue muy claro en la época de la Confederación Perú Boliviana, donde al presidente de Bolivia, Santa Cruz, que también tenía un origen peruano, y que estuvo en algún momento jefe de Estado en Perú, este grupo representado por Felipe Pardo y Aliaga, de esta elite criolla, le decía “indio vete a tu puna, indio vete a tu llama”. Porque su mamá era una casica aymara. Y entonces se creó esta idea de que el Perú podía ser el suelo de los incas pero no el suelo de los indios. Era una paradoja con la que nacimos como república en el discurso dominante.
¿Hay rezagos, vestigios de esa idea, actualmente?
Yo no los llamaría rezagos o vestigios, porque suena a algo inerte o pasado que está ahí, igualito que antes. Estos son reactivaciones constantes de esa mentalidad, que es nuestro racismo. Y peor en la época en que surgen personajes que la sociedad dominante los ve como indios, como Pedro Castillo, y quieren ostentar poder, quieren ser representantes, y tienen todo el derecho de hacerlo, pero siguen siendo rechazados por esa condición.
Otro dato importante del libro que puede generar mucho debate, es que del 2003 al 2020 hubo 167 muertos por protestas conflictos sociales, con Dina hubo más de 50, ¿qué está pasando para que la violencia sea ejercida de esa manera tan radical y en un escenario de impunidad?
Creo que se deriva de esta mentalidad que estamos hablando, de que las vidas de algunos peruanos valen más que otras, importan más que otras. Incluso en niveles que no los percibimos claramente. Por ejemplo, cuando durante las manifestaciones contra el pequeño gobierno fallido de Manuel Merino, en Lima, los policías mataron a dos jóvenes Inti y Bryan, pero al mismo tiempo poco después hubo protestas en Virú y mataron a más peruanos, y nadie habla de ellos, porque a Inti y Bryan los mataron en Lima. Como que los muertos de las regiones no importan. Gracias por esta pregunta porque me obliga a tocar el tema de las regiones. Cuan poco se conoce en Lima lo que pasa en las regiones, y esta todo segmentado. Creo que el libro apunta a llamar la atención sobre esas regiones, sobre las cuales existen caricaturas, o sea no se conocen. Eso es en parte también porque cuando tú tienes una caricatura, tú no tienes sentimientos, no te conmueve, no lo ves como algo igual, simplemente creas una imagen de algo que está vigente y lejos, desde Lima.
Justamente aquí en Arequipa ha dado inicio el proyecto minero Tía MarÍa que parece que de otra forma no hubiera iniciado, porque la población de Islay lo rechaza. ¿el capital también se funda en la violencia?
Absolutamente, y es una violencia que no es solo contra las organizaciones políticas, contra la sociedad civil, contra la sociedad organizada, también es una violencia contra el planeta, contra la tierra, que no se puede obviar, o sea es la destrucción de la naturaleza, de los recursos.
En su trayectoria pudo, de alguna manera, advertir la polarización extrema que estamos viviendo ahora, la discriminación y el racismo que ya no causa vergüenza sino con impunidad.
No sé si quiero llamarlo polarización, porque la polarización viene de arriba, de una pequeña cúpula que maldice, despotrica y siente licencia, Porque ha utilizado mecanismos brutales para reprimir y desarticular la sociedad. La sociedad ya venía desarticulándose por la forma de capitalismo que existe ahora. El Perú es un país fundamentalmente informal y cuando ha entrado el neoliberalismo esa informalidad se ha profundizado. Y el neoliberalismo exige una sociedad segmentada, de intereses individuales, de competencias, donde la solidaridad o la responsabilidad del Estado se diluye. Y no se piensa que el Estado tiene que velar por el bienestar de la sociedad, no se piensa ni se ofrece eso, no hay un mito de la derecha, ni qué decir de la izquierda. Estamos menos preparados como sociedad que cuando existían sindicatos fuertes, organizaciones fuertes, cada país es distinto. A los peruanos poco a poco los han ido reprimiendo severamente en la historia, pero también no hemos tenido tradiciones tan fuertes de movimiento laboral como otros países, como Chile por ejemplo, o incluso Bolivia.
Finalmente, ¿cómo se debe leer el sur del Perú, ahora?
El sur es la región del Perú que ha tenido una tradición de mayor movilización en la historia. Siento que ha estado ahí, sobre todo Puno. Yo creo que tú más bien me informarás sobre eso porque yo vivo en California. (risas).




