Después de más de dos décadas de negociaciones, el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur volvió a quedar en pausa. Bruselas propuso el 12 de enero como una nueva fecha tentativa para la firma, luego de fracasar el intento de cerrar el pacto esta semana por falta de respaldo interno, en medio de objeciones políticas y presiones agrícolas.
El freno no se produjo en Sudamérica, sino en el corazón de Europa. La validación interna que debía anteceder a la firma no alcanzó los votos necesarios. Para avanzar, la Comisión Europea requería una mayoría cualificada: al menos quince Estados miembros que representaran el 65 % de la población del bloque. Ese umbral no se alcanzó y el calendario se vino abajo.
Brasil, anfitrión de la firma frustrada, ya había marcado límites. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue explícito al advertir que su país no insistiría indefinidamente. Señaló que, si el acuerdo no se cerraba antes del 20 de diciembre, fecha de la cumbre del Mercosur, Brasil dejaría de impulsarlo durante su presidencia. El mensaje fue directo y dejó expuesta la tensión política del momento.
Desde Bruselas, el tono fue más cauto. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció la necesidad de “posponer ligeramente” la firma y habló de esperar “unas semanas más”. En la misma línea, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, minimizó el retraso y recordó que, tras 26 años de negociación, tres semanas no alteran el fondo del proceso.
Mientras tanto, los cancilleres de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se reunieron en Brasil para evaluar el impacto del pedido europeo. De cara a enero, el desafío vuelve a estar en Europa. Italia deberá resolver las resistencias de su sector agrícola y Francia mantiene condiciones claras. Emmanuel Macron no garantizó su apoyo y exigió salvaguardas y fondos de la Política Agrícola Común. Aun así, en Bruselas insisten en que el acuerdo sigue vivo.




