Por Jorge Luis Quispe Huamaní
Tuve ocasión de asistir a la última función de este año de “Lock Out”. Una puesta en escena brillante, demoledora y profundamente actual a pesar de haberse escrito hace cien años, donde la crisis de los años treinta genera una dramática reducción de los salarios, despidos masivos y el cierre de fábricas y talleres. En ese escenario advertimos que la represión, la violencia, la pobreza y el hambre corresponden a las consecuencias del exceso de poder de las personas y las instituciones. Es oportuno ir en orden.
Vallejo escribió este drama en francés en 1930. Y para este propósito el poeta proyectó la participación de más de cincuenta actores y actrices. Encontramos aquí los dos primeros logros de esta entrega. Adaptar este texto para los tiempos que corren no es un mérito que se ve todos los días y menos en Arequipa. Vallejo utiliza un lenguaje que hoy pasaría por subversivo y en ese orden, el trabajo de traducción es sin duda meritorio. Ahora bien, que un grupo de seis actores tengan la capacidad de expresar la potencia de una obra pensada y escrita para cincuenta es una característica que no debemos descuidar.
Dicho esto ya podemos situarnos en la ejecución del drama. El público en círculo en 360°, las escenas ocurren en medio de los cautivos asistentes. Es el año 1930 y frente a la crisis económica mundial el poder decide que la única salida viable es dejar sin trabajo a los obreros y cerrar las fábricas por un año o dos o para siempre. Ello no puede generar otra cosa que caos, incertidumbre y miedo. Los acongojados trabajadores debaten si asumen el destino que les quieren imponer o seguir el camino de la lucha sindical. La precariedad y el hambre quiebran a algunos al mismo tiempo que hacen más fuertes a otros. A la huelga se le responde históricamente con represión y violencia.
Las actuaciones son impecables, y el lenguaje que se usara en aquel tiempo no es otro que el que se usa hoy para menguar las manifestaciones, incluida la estigmatización y la violencia. Los parlamentos y las intervenciones de quienes hacen las veces de ministros y líderes sindicales expresan fundamentos precisos y exactos en su caracterización, y en quien lo ve despierta una serie de preguntas e ideas que remiten al espectador a cuestionar el presente y cuestionar la realidad.
Incluso, las contradicciones y las discusiones que se producen al interior del gremio sindical son los mismos que se advierten hoy. ¿Plegarse o no? ¿Resistir o ceder? El ejercicio del periodismo le permite a uno conocer este tipo de intimidades. Tengo el vivo recuerdo de la interacción que permiten los actores con el público, un componente disruptivo, interesante y que empuja al espectador a la participación y a la empatía de lo que allí ocurre.
Los cuerpos en movimiento, la fuerza del lenguaje en un medio hostil y violento y la temática que expresa se traducen en los actores y actrices con cautivadora destreza. Nadie sabe qué es realmente el hambre hasta que lo dice o lo grita un niño inocente que solo espera ver a su padre llegar a casa con una bolsa de pan. Estremece porque es real. Sin trabajo no hay dinero, sin dinero no hay comida y sin comida no hay salud. Esta segunda temporada del año 2025 ha concluido con el favor del público. De manera que el mérito de los actores y actrices de Disidencias Teatro y su director Renato Ramírez es indiscutible. Para Arequipa que adolece de un dinamismo cultural permanente, el empeño de estos profesionales se torna imprescindible. Volveré gustoso a una nueva entrega de un futuro proyecto. Vayamos a verlos.




