El presidente Umaro Sissoco Embaló fue arrestado en su despacho tras un golpe militar ocurrido tres días después de las elecciones presidenciales y legislativas. Los oficiales anunciaron haber tomado el “control total del país”, suspendieron los comicios y ordenaron el cierre de fronteras. El estallido de violencia volvió a exponer la fragilidad política de Guinea-Bissau, inmersa desde hace años en crisis institucionales.
El golpe se produjo mientras las autoridades aún no publicaban los resultados oficiales de los comicios, en los que Embaló buscaba la reelección frente a su principal rival, Fernando Dias. Aunque el presidente había ganado la primera vuelta, el clima político se tensó por las denuncias cruzadas y la presencia de facciones enfrentadas dentro del propio aparato estatal.
Un portavoz del mandatario aseguró que hombres armados no identificados atacaron la comisión electoral para impedir la difusión de resultados, acusando a sectores vinculados a Dias sin presentar pruebas. Testigos relataron escenas de pánico en la capital, donde continuaron los disparos cerca de edificios gubernamentales, incluida la sede del Ministerio del Interior.
El trasfondo del conflicto remite a la rivalidad política entre Embaló y el ex primer ministro Domingos Simões Pereira, impedido de postular por el PAIGC. Ambos protagonizaron en 2019 una crisis poselectoral que paralizó al país durante cuatro meses, un antecedente que vuelve a proyectarse sobre el actual quiebre institucional.
La misión de observación de la CEDEAO había destacado apenas un día antes la aparente calma de las elecciones, pero la irrupción militar revirtió ese panorama y reinstaló la incertidumbre. En uno de los países más pobres del mundo y con un historial de golpes y redes de narcotráfico, la situación abre un nuevo capítulo de inestabilidad con impactos imprevisibles.




