Por Miguel Ocas Saravia
Las recientes declaraciones del alcalde Jenry Huisa Calapuja, en las que afirmó sin titubeos que “ya no tiene nada que hacer por el distrito de Majes”, encendieron la indignación ciudadana y pusieron su gestión nuevamente bajo el microscopio. El burgomaestre justificó su salto al escenario regional argumentando que solo desde el Gobierno Regional podría cerrar las brechas que aún arrastra su distrito. Su anuncio, sin embargo, llega en medio de denuncias, tensiones internas y un creciente malestar social.
Tras el revuelo inicial, las palabras de Huisa terminaron por revelar la hoja de ruta política que venía preparando mientras su administración enfrenta observaciones y reclamos vecinales. El alcalde aseguró que el presupuesto municipal ya está agotado y que el distrito no tiene más margen para ejecutar nuevas obras, una explicación que no cayó bien entre quienes esperaban mayor compromiso en la recta final de su mandato. Su apuesta, insistió, es convertirse en gobernador regional en las elecciones de 2026.
En su intento por abrirse paso hacia esa candidatura, Huisa recurrió a un discurso de servicio y renovación, incluso adelantando que renunciará en abril para ceder la posta a la teniente alcaldesa Gladys Condori. Pero su salto político no convence a todos. Desde el propio movimiento que lo llevó a la alcaldía, voces como la de Fernando Huarca cuestionan su giro y lo acusan de haber dejado de lado los compromisos asumidos con la población de Majes.
A esta tensión se sumaron indicios que alimentaron sospechas sobre una campaña velada. En distintos puntos del distrito aparecieron paneles del partido Ahora Nación con la imagen de Huisa como potencial candidato regional, instalados alrededor de obras municipales en ejecución. Esta coincidencia despertó dudas sobre el uso del aparato edil para favorecer su aspiración política, justo cuando el alcalde insiste en que las decisiones internas de su partido aún no están cerradas.
Las señales continuaron multiplicándose: banners institucionales con un “casco” parecido al símbolo del partido, publicaciones oficiales que reforzaban esa estética y, en un evento público, la presencia de un “ingeniero bailarín” que reforzó la alusión. Para varios sectores, el conjunto de estos hechos arma un patrón claro: Huisa habría convertido su imagen municipal en plataforma electoral. En Majes, la preocupación crece y el pedido de transparencia se vuelve un clamor cada vez más fuerte.




