Meditaciones arequipeñas: Pensar la muerte, seres para la muerte

Por Jorge Luis Quispe Huamaní

Lo acepto, tengo una curiosidad lúgubre, a la abuelita que se le escapa su nieto de cinco años y termina aplastado por un volquete. O la madre que roció veneno para ratas en un queso y que terminó comiendo a su hijo de dos años. ¿Cómo viven después? Tal vez me lo pregunto porque yo no podría, no resistiría. ¿Cómo pensar la muerte desde la filosofía? Darío Sztajnszrajber me responde. 

Yo creo que más allá de lo que pueda decirte se me escapa, cómo un reportero pueda lidiar con eso. Yo en Argentina tengo un hermano que hace periodismo policial, así que conozco de primera mano porque él vive todos los días dando las principales noticias de todo lo que implica el mundo policial. Y que incluye los asesinatos, las muertes. Es muy fuerte cómo alguien que trabaja en eso desde su subjetividad lidiar con eso. Creo que hace falta un trabajo profesional ahí no solo reportero sino de la salud mental de tener un buen acompañamiento terapéutico, no pensar que uno por sí solo puede con todo. 

Después, desde el punto de vista de una persona cualquiera, me parece que la muerte para la filosofía es fundamental. Es el propósito último de todas nuestras reflexiones de tratar de entender lo inentendible. Tú has dado dos ejemplos muy impactantes, muy chocantes que rompen una cierta linealidad del tiempo, porque todos en definitiva, por ser finitos, nos vamos a morir. Muchas veces la muerte irrumpe con una inminencia medio impredecible y nos quita de nuestras previsiones. 

Para mi lo que tiene de bueno la filosofía, y por eso no es muy aceptada, es que el tema de la muerte te lo expone permanentemente. Hay cierta filosofía que lo que te dice es que cuanto más hablamos del tema, nos ponemos, nos topamos con las angustias que provocan. Después cuando llegan situaciones estamos preparados para eso. Platón decía que la filosofía es un ejercicio para la muerte. Uno haciendo filosofía y hablando de la muerte se va como ejercitando para cuando la muerte llega y está medianamente preparado. 

El dolor duele igual, lo sorpresivo sorprende igual. Pero me parece que peor es negarlo, invisibilizarlo, porque ahí genera una especie de choque frente al cual uno no tiene categorías, no sabe qué hacer. Qué han hecho los filósofos a lo largo de tanto tiempo, han hablado del tema, entonces tenés un montón de libros, de desarrollos que no te tienen que convencer, pero te van preparando. Es lo que me pasa a mí con el amor. Uno puede ir y amar, creer que mientras ama está viviendo sus amores. Cuanto más lo interiorizas, después cuando llegan las situaciones tenés más argumentos, me parece que eso ayuda.

Memento Mori

Yo creo que cuanto más uno se prepara indagando, interiorizando pensándolo, incluso desde ciertas angustias. Cuando aparecen esas situaciones, el dolor lo tenés igual, pero tenés más elementos, tenés otra preparación. Heidegger dice que hay dos extremos en nuestra relación anticipatoria con la muerte. Por un lado, todo el tiempo estamos diciendo: falta un montón. Tenés 30 años y dices falta una vida. Pero tenés 70 años, si le preguntas a alguien de 70 años, cuándo cree que se va a morir. No te va a decir mañana. Te va a decir falta un montón. Siempre falta un montón.

Es nuestra manera de poder sobrellevar el otro extremo que dice Heidegger, que es la inminencia de la muerte. La inminencia significa que vos te podés morir ahora. Yo también. Cualquiera. Esa situación que nos angustia porque uno dice: cómo hago para vivir si sé que piso la calle y me pisa un auto. Al revés, si uno admite esa inminencia que es una relación temporal y muy inmediata que es estar en la contingencia entregado a que la muerte puede llegar en cualquier momento, modifica o transforma – ahí está el Memento Mori – tu manera de vivir.

Si vos sabes que en cualquier momento te podés morir, la pregunta es en qué se te van las horas de tu vida, sabiendo que en cualquier momento la muerte puede llegar. Por ahí cambia un poco tus obsesiones, tus caprichos, tus neurosis. Algo de eso puede empezar a desarmarse, y podés entregarte a una vida un poco más placentera, conectada, sensible. Yo lo pienso más por ahí.

El matrimonio no tiene nada que ver con el amor

La demanda de una definición consensuada sobre el amor para mí es del mismo tenor que pedir una demanda consensuada sobre la justicia. No existirían las ideologías, la diversidad ideológica en cualquier tema es que tenemos nociones muy distintas. Para mí, le suma al amor el no ponernos de acuerdo. Vos siempre estás buscando en el otro algo que nunca terminas de alcanzar, por eso se dice encendida esa búsqueda con ese otro. Si llegas a alcanzar en el otro lo que esperabas buscar y lo encontraste, hay algo en ese amor que se apaga. Porque lo que enciende el deseo de querer seguir conociendo a ése otro es que no terminas nunca de alcanzar ese núcleo que vos supones que el otro tiene, el otro no tiene nada. La fantasía es esa, ese otro que completa. 

Hay versiones dominantes e institucionalmente hegemónicas, como en la justicia, la política, la religión. En el amor pasa lo mismo, hay una versión de ideal romántico del amor, hay instituciones, hay algo llamado matrimonio que se supone que viene a representar y a consumar eso. El matrimonio además de ser la sustanciación contractual de tu relación con el otro, es una institución jurídica con obligaciones. Está más del lado del mundo de las instituciones que del mundo del amor. Sin embargo, se acaba el amor, pero el matrimonio permanece, no tiene sentido, el propósito del matrimonio es representar y traducir ese amor.

El hecho de que los matrimonios continúen, aunque el amor se haya apagado es para mí la demostración de que el matrimonio no tiene que ver con el amor, sino que tiene que ver con una forma de ordenamiento social que utiliza y se aprovecha del amor. De este tipo de amor hegemónico, para sostener otro tipo de intereses más ligados a la productividad. Foucault decía políticamente dócil y económicamente rentable. En el libro me propongo un poco eso, recuperar el erotismo de vivir cada día. “Me gusta demasiado estar vivo como para desperdiciar cada segundo del tiempo”.