Crisis de hambre en Gaza aún sin declarar

A casi dos años del inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza, la crisis alimentaria en el enclave palestino ha alcanzado niveles extremos. Sin embargo, pese a las advertencias de la ONU y organizaciones humanitarias, aún no se ha declarado formalmente una hambruna. La ausencia de una certificación se debe, en parte, a las limitaciones para recolectar datos y al contexto político-militar que impide validar los indicadores técnicos. Mientras tanto, miles de palestinos enfrentan hambre severa, desnutrición y un sistema de salud colapsado.

En el terreno, la desesperación crece día tras día. Las organizaciones humanitarias denuncian que mujeres y niños pasan jornadas enteras sin comer, mientras intentan sobrevivir en medio de escombros, desplazamientos forzados y bombardeos constantes. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), al menos 100 mil personas padecen desnutrición aguda severa. A pesar de los esfuerzos por ingresar ayuda, el bloqueo y la violencia han convertido los convoyes humanitarios en objetivos de riesgo, donde civiles son atacados incluso cuando buscan alimentos.

Declarar oficialmente una hambruna no depende solo del hambre visible. Se requiere cumplir con criterios técnicos establecidos por la Clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria (IPC). Estos incluyen la desnutrición infantil, la falta extrema de alimentos en hogares y un número mínimo de muertes diarias relacionadas con el hambre. Pero en Gaza, el colapso del sistema sanitario, el desplazamiento masivo y la destrucción de infraestructura impiden recolectar esos datos con precisión, lo que retrasa un diagnóstico formal.

Incluso si se validaran los criterios, la declaración de hambruna no garantiza una respuesta automática. No existe un fondo económico específico que se active tras ese anuncio, y la logística en Gaza sigue siendo un obstáculo mayúsculo. Israel afirma haber permitido el paso de miles de camiones con ayuda, pero los grupos humanitarios sostienen que se necesita un flujo mucho mayor —al menos 600 vehículos diarios— para comenzar a revertir la emergencia. Además, el caos dentro del enclave impide una distribución segura y ordenada.

En este panorama, el hambre no solo es una crisis humanitaria: es también una consecuencia directa de decisiones políticas y militares. “Construimos el camión de bomberos mientras apagamos el fuego”, admitió un portavoz de la ONU. Para los expertos, el hambre en Gaza no es producto del azar ni de un desastre natural, sino de un sitio prolongado, con acceso restringido y una población atrapada. El tiempo sigue corriendo, y cada día sin una acción contundente acerca más a Gaza a un desastre irreversible.