Estados Unidos se ha comprometido a brindar asistencia a Myanmar (Birmania) tras el potente terremoto de magnitud 7,7 que golpeó el centro del país. Y que ha causado la muerte de al menos 153 personas y dejando una estela de destrucción. «Nosotros ayudaremos», declaró el expresidente Donald Trump a la prensa. Y lamentó la tragedia que ha colapsado edificios, puentes y carreteras en la segunda ciudad más grande del país.

La declaración de Trump llega después de que el jefe de la junta militar de Myanmar, Min Aung Hlaing, emitiera un inusual llamado a la comunidad internacional solicitando apoyo. Sin embargo, su petición se da en un contexto político tenso. Y es que Min Aug enfrenta una orden de arresto por la Corte Penal Internacional (CPI). Mientras su gobierno ha mostrado poca disposición a cooperar con otras naciones.

El terremoto se suma a los desafíos económicos del país, agravados por el recorte de aproximadamente 52 millones de dólares en fondos de USAID durante la administración Trump. Según expertos del Center for Global Development, esta reducción podría dificultar las labores de rescate y asistencia humanitaria.

En respuesta a la emergencia, la embajada de Estados Unidos en Myanmar anunció la suspensión temporal de los servicios consulares que no sean de emergencia. «Estamos priorizando la asistencia a ciudadanos estadounidenses», indicó la sede diplomática a través de su cuenta oficial en X. Además, confirmaron el cierre indefinido del American Center Yangon y el Jefferson Center Mandalay.

La situación en Myanmar sigue siendo crítica. A medida que los equipos de rescate trabajan entre los escombros, las autoridades advierten que la cifra de víctimas podría aumentar. Las vías de comunicación están severamente afectadas y miles de personas han quedado sin hogar, lo que refuerza la necesidad de una respuesta internacional rápida y coordinada.

Con la comunidad internacional evaluando su nivel de apoyo, la pregunta es cómo responderá Estados Unidos a esta crisis, especialmente considerando los antecedentes políticos con la junta militar. Mientras tanto, los habitantes de Myanmar enfrentan las secuelas de un desastre que ha dejado cicatrices profundas en el país.