Sentencia oportuna y justa

En cambio los victimarios eligieron el mal, lo disfrutaron, y hasta comieron chifa luego de su maldita hazaña. Así que culpar a los denunciantes, a los medios o a la sociedad escandalizada con este hecho es retorcer la realidad para olvidarse de la víctima.

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Revelación.pe

06/09/2026

Por: Rolando Luque Mogrovejo
Ex Defensor del Pueblo de Arequipa

Para alcanzar justicia en el caso de la violación sexual cometida por alumnos del Liceo Naval necesitamos mantener los ojos bien puestos sobre el proceso. Apenas lo olvidemos la prensa también lo olvidará y la justicia no llegará nunca.
Tres cuestiones llaman mi atención a estas alturas. Con qué rapidez algunas personas dicen–lo he oído en mi entorno social, digital y presencial-, refiriéndose a los violadores, “pobres chicos, les están desgraciando la vida”. Cuánta misericordia. Por si acaso, el menor violado no buscó su desgracia se la impuso una manada de desalmados. En cambio los victimarios eligieron el mal, lo disfrutaron, y hasta comieron chifa luego de su maldita hazaña. Así que culpar a los denunciantes, a los medios o a la sociedad escandalizada con este hecho es retorcer la realidad para olvidarse de la víctima.
No por ello podemos ignorar que detrás de este grupo de alumnos está el colegio y detrás del colegio un instituto armado, y a toda hora unos padres de familia. Harían bien todos ellos en revisar su catálogo de valores.
¿Es el Liceo una prolongación de las jerarquías militares en un colegio de educación básica regular? Todo parece indicar que sí. Durante años ha fluido de los cuarteles a las aulas la “cultura de los galones”. La ubicación del alumno en el colegio derivaba de la ubicación de su padre en la estructura militar. Este esquema aseguraba licencia para atacar a otros e impunidad para sus retoños. Todo debidamente silenciado como manda la mentalidad de cuartel, y una idea aberrante de la reputación.
La dirección de un colegio no puede estar supeditada a la voluntad de los marinos que la sostienen. Cuando eso pasa, la directora y los profesores pierden autoridad y se convierten en personal subalterno de las élites militares. No podrán aplicar las reglas disciplinarias de manera igualitaria. Habrá alumnos blindados por sus padres, recibiendo un trato privilegiado e incubando en sus mentes la idea de superioridad. Entonces establecerán jerarquías en el patio, en el aula, en el bus, y caminarán sintiéndose impunes ante sus propias transgresiones. De ahí a violar con un palo de escoba a su propio compañero en presencia de otros alumnos y de dos profesores, hay solo un paso.
Me pregunto, finalmente, ¿por qué los contribuyentes financiamos un colegio, en la práctica exclusivo, para los hijos de marinos? ¿por qué no van a colegios públicos como la mayoría de peruanos y peruanas, o a colegios privados que paguen con su plata? Es verdad que desembolsan una pensión (los hijos de marinos tienen subvenciones y pagan cuatro veces menos que lo que pagan los padres de un alumno sin vínculo militar), pero la plana docente es pagada por el Estado, la infraestructura fue construida con dinero público, el personal administrativo y de apoyo está en la planilla del Ministerio de Defensa. Esto tiene un nombre. Son los viejos y rancios privilegios castrenses que no hemos logrado remover en doscientos cinco años de república.
Hay mucho que cambiar en este y otros colegios. Pero hoy esperamos una sentencia oportuna y justa.