EsSalud atraviesa una situación que ya no admite parches ni anuncios pasajeros. La propia presidenta ejecutiva, Zulema Tomás, informó que, tras el sinceramiento de las cifras, la institución enfrenta un déficit y una deuda cercana a S/ 4,500 millones, además de una estructura administrativa con duplicidad de funciones y una pesada carga burocrática.
Pero detrás de los números hay una realidad que conocen diariamente millones de asegurados: citas que demoran, servicios saturados, falta de medicamentos e insumos, equipos que necesitan renovación y pacientes que esperan atención mientras la capacidad de los establecimientos resulta insuficiente. El propio Ministerio de Trabajo ha reconocido problemas de abastecimiento y pacientes que permanecían esperando intervenciones quirúrgicas.
EsSalud no puede justificar sus deficiencias únicamente en la falta de recursos. La deuda es grave, pero también lo es la forma en que durante años se administraron los recursos de una institución financiada fundamentalmente por los aportes de trabajadores y empleadores.
Por eso, la anunciada reorganización debe ser mucho más que un cambio de funcionarios, una reducción de oficinas o una redistribución de cargos. Debe revisar procesos, compras, contrataciones, logística, recursos humanos, infraestructura y equipamiento, pero con una condición innegociable: el paciente debe estar en el centro.
La nueva gestión ha anunciado precisamente una reorganización para reducir la duplicidad administrativa, ordenar las finanzas y fortalecer la capacidad asistencial. El desafío será convertir esas promesas en resultados verificables.
También será indispensable transparencia. Los asegurados tienen derecho a conocer cómo se generó una deuda de esta magnitud, quiénes tomaron decisiones y qué medidas concretas permitirán recuperar la capacidad financiera y operativa.
Reorganizar EsSalud no significa solamente ordenar cuentas. Significa recuperar hospitales, garantizar medicamentos, renovar equipos, fortalecer el personal médico y reducir las esperas.
Los asegurados no necesitan discursos. Necesitan atención oportuna, médicos disponibles y servicios que funcionen. Esa debe ser la verdadera medida del éxito de cualquier reforma.




