SIT: un fracaso que termina pagando la población
El Sistema Integrado de Transporte (SIT) de Arequipa volvió a mostrar sus enormes deficiencias precisamente cuando la ciudad más necesitaba contar con un servicio ordenado, eficiente y previsible. Durante las celebraciones por el aniversario de Arequipa, miles de ciudadanos y visitantes se encontraron con restricciones, cambios, conflictos entre operadores y decisiones improvisadas que evidencian que el SIT continúa sin consolidarse después de años de promesas.
Lo más preocupante no es solamente el mal servicio, sino la incapacidad de las autoridades para ofrecer una solución definitiva. El problema no apareció de un día para otro. Ha sido advertido durante años y, sin embargo, las distintas gestiones municipales han preferido administrar las crisis antes que resolver las causas estructurales del sistema.
El SIT debía convertirse en una alternativa moderna para reducir la congestión, ordenar las rutas y mejorar las condiciones de viaje. En la práctica, persisten las disputas entre empresas, dificultades para cumplir los contratos, problemas de fiscalización y una planificación que parece cambiar según las circunstancias.
La situación resulta todavía más cuestionable durante las fiestas de la ciudad. Arequipa recibe mayor cantidad de visitantes, aumenta la demanda de transporte y las calles soportan una presión extraordinaria. Era previsible que se necesitara un plan especial, coordinado con anticipación y comunicado adecuadamente a los usuarios. Sin embargo, nuevamente se llegó a estas fechas con medidas de emergencia y respuestas parciales.
La población no puede seguir siendo la variable de ajuste de un sistema que no funciona. Son los usuarios quienes pierden tiempo, dinero y seguridad mientras las autoridades discuten responsabilidades.
Arequipa necesita decisiones, no nuevas justificaciones. La municipalidad, el Gobierno Regional y los operadores deben asumir sus responsabilidades y establecer una hoja de ruta concreta para recuperar el SIT. Las fiestas terminan, pero el problema permanece. Y mientras las autoridades continúen postergando una solución integral, será la ciudadanía la que seguirá pagando el fracaso del sistema.




